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Joe Grant

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VOLVIENDO A LOS ORIGENES – JOE GRANT

5 abril, 2015

VOLVIENDO A LOS ORIGENES

 Por: Joe Grant

 Me despertaba a las 5:30am, inclinándome para apagar la alarma antes de que sonara y despertara a mi mujer. Me quedaba en la cama, con los ojos todavía cerrados, escuchando la lluvia, hasta que mi teléfono vibraba con un mensaje de mi amigo Nick Triolo. Siempre ponía algo como “Estaré ahí en 15”, mi puntapié para levantarme y hacer un poco de café.

Esto fue hace 7 u 8 años. Yo estaba viviendo en Portland, Oregón en ese momento. Cada mañana, antes de ir a trabajar, corria en el Parque Forestal con Nick, por una o dos horas, mayormente en la oscuridad y casi siempre bajo la lluvia. Mi respuesta al mensaje de Nick era siempre algo parecido a “Café listo, hagámoslo.”

Nick vivía justo unas calles más arriba, más o menos a 10 minutos de trote de mi casa. Eso le daba 5 minutos para salir de la cama, encintarse los dedos machacados de los pies, ponerse unas zapatillas mojadas (nada se seca en Portland), y bajar hasta mi casa. Yo tenía el café listo, nos lo tomábamos a sorbos y en silencio sentados en la cocina. Y después, nos deslizábamos fuera hacia el bosque, guiados por el haz de nuestras headlamps y comenzábamos a correr.

Las mañanas frias, tristes y oscuras, la fatiga acumulada por el entrenamiento, el trabajo, todo pesaba sobre mi mente mientras permanecía acostado en la cama con los ojos cerrados. Sin embargo, cada mañana sin fallar, sólo me tomaba unos minutos para que todas esas excusas y perezas de por qué no salir a correr se evaporaran. La parte más dura del running era siempre el simple hecho de salir por la puerta de casa.

Nick y yo compartíamos problemas similares, pero nuestra amistad y nuestro sentido de la responsabilidad nos mantenían en el camino. Durante un tiempo, trabajábamos en la misma oficina, con las mismas presiones y demandas. En muchas ocasiones, hubiese sido fácil fallar en nuestras carreras matinales, pero los dos sabíamos el valor intangible que la dedicación a esta simple tarea podía traernos.

Nick no era un gran corredor en aquel momento.Pero si era un atleta con talento natural, prefería caminar, escalar y simplemente estas en el exterior. Yo le hablaba sin parar sobre las maravillas del running, la simplicidad y la profundidad de la actividad y como se relacionaba con todos los aspectos de nuestras vidas. Le contaba que sólo a través del compromiso podríamos ver el running como algo transformador y beneficioso. Y así, juntos, iniciamos el proceso.

Había leído en la web de Matt Carpenter que para Leadville100 en 2005, él había corrido 2 horas o más durante todos los días por 7 meses previos a la carrera con sólo algunas excepciones. Su enfoque y determinación durante ese periodo de tiempo fue inspirador para mí, aún más que el resultado final. Nick y yo nos comprometíamos con una dedicación similar, no necesariamente orientada a competir, pero con y por el amor a todo ese proceso.

Ese año, entre a Western States, de casualidad gracias a un sponsor. No había pensado realmente en correr la carrera, pero cuando la oportunidad se presentó, me sentí realmente afortunado y feliz de formar parte de ese mítico evento.

Creo que gran parte del atractivo de esta carrera para mí, son los grandes recuerdos de haber sido el pacer de Tony allí por el 2010 y la increíble carrera que se desarrolló ese día. Es ese sentimiento de nostalgia no sólo ligado al evento actual, sino también a un estado mental, las sensaciones de ese día, todo el running previo a la carrera, el viaje hacia la carrera. Todo el proceso fue pleno y rico en descubrimientos.

A menudo me detengo a pensar en cómo el running por estos días se ha convertido en algo un poco más complicado para mí. Me encuentro yendo de una carrera a la otra, con muy poco tiempo para absorber y apreciar la experiencia y todo el entrenamiento previo que me llevo a ese lugar. Esto no es una crítica ni algo que me preocupe demasiado, simplemente es una observación, de que es fácil perderse en la sobre estimulación de las redes sociales y los likes y olvidarse de lo que se trata todo esto en realidad. Para mí, es sobre el proceso, revivir ese sentimiento de aquellos días corriendo en Portland, el amor, la dedicación, estar en las montañas – de eso se trata, de volver a los orígenes.

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Fotos: Joe Grant

Joe Grant es un ultramaratonista de elite de los estados unidos desde hace más de diez años. Pero sobre todo es un aventurero y un amante de las montañas. Sigue sus pasos a través de su web: www.alpine-works.com

 

Relato original de irunfar.com en el siguiente link:

http://www.irunfar.com/2015/03/back-to-basics.html

 

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EL PRIVILEGIO DE CORRER – JOE GRANT

31 enero, 2015

EL PRIVILEGIO DE CORRER

Por: Joe Grant

Casi una década atrás, estaba trabajando en un proyecto para la construcción de escuelas en el Massai Mara, una remota área del gran valle del Rift en Kenia. Durante mi estadía y por primera vez en mi vida, ese sentimiento de salir a hacer caminatas de larga distancia se hizo presente. A menudo saliamos a hacer largas caminatas con mi amigo Massai para ir a visitar a su familia a varios valles de distancia de nuestro campamento. Caminábamos en la misma dirección durante cuatro o cinco horas, a través de escarpadas colinas, partiendo justo antes del amanecer, moviéndonos con cautela para evitar las manadas de elefantes y otros animales. Cuando llegábamos a la casa de mi amigo, nos sentábamos en la choza de barro de su padre, tomábamos te con leche y charlábamos sobre nuestra caminata, el clima, el ganado. Mi amigo les dejaba a sus padres algunos productos que les habia llevado y a veces algo de dinero. Nunca nos quedabamos demasiado, como máximo una hora, tomabamos un poco de leche agria de un cuenco de calabaza, para recuperar fuerzas, justo antes de volver a partir al campamento-un día entero de caminata, que aunque valia la pena, solo era para realizar un breve intercambio.

Conducir hubiese sido otra posibilidad, sin embargo, habría tomado aproximadamente el mismo tiempo, costaría dinero, y además el estrés de un posible desperfecto mecánico o quedarnos atrapados en el fango. Caminar, era también una forma de independencia y autosuficiencia.

Otro buen amigo mío era un hombre de Kipsigis, un pastor de cabras y un maratonista de 2:12hs. En Kenia correr un maratón a 2:12hs. No significa mucho, dado el profundo talento y ferocidad de la competencia por las escasas oportunidades de correr internacionalmente. Me confeso que empezó a correr con la esperanza de poder viajar a Europa y ganar dinero en carreras para ayudar a su familia. Si bien no tuvo éxito en conseguir sponsors, llegó a amar la práctica del running por su propio bien. Cada mañana, se despertaba, corría durante algunas horas en un camino de tierra, castigado por el sol en una ruta que conectaba los pueblos de los alrededores y luego pasaba el día entero pastoreando sus cabras. Correr se había hecho, sin quererlo, parte de su rutina como algo nutritivo y vital. Me sorprendió que el acto de moverse a pie tenía un significado e importancia más allá del simple hecho de ser un medio de transporte.

Mis amigos Keniatas tenían pocas posesiones materiales. Su trabajo es extenuante y eclipsado por la precariedad. Sin embargo, ante esa adversidad, aun sacan tiempo para caminar y correr, por placar, por propia realización y por propia exploración.

Me di cuenta que en mi vida, no debería dar por hecho el correr como algo que puedo simplemente salir al exterior y hacer, sino como un privilegio. Cada vez que me dirijo hacia la puerta, sin importar la distancia o el tiempo, estoy agradecido por la oportunidad de poder poner un pie delante del otro.

Me siento muy afortunado de poder viajar a carreras alrededor del mundo. Eventos, equipos, y alojamientos son todos muy caros y requieren cierta afluencia de participantes. Correr, como deporte organizado, es una actividad para los privilegiados. Más allá de los gastos de participación también existen los privilegios del tiempo y la salud. Me recuerdo constantemente la inmensa riqueza que proporcionan estos dos elementos efímeros. Mi último entrenamiento de fin de semana no fue diferente.

Me dirijo hacia a la puerta temprano a la mañana, dejando suavemente los calambre y dolores mientras mi cuerpo empieza a conformarse a la neutralidad. El cielo tiene un estado de ánimo solemne, sin revelar ni una pizca de azul, en su lugar hay un espeso conjunto de grises, blancos y negros. El aire esta pesado, tranquilo. Me dejo caer rápidamente en el cañón, el ritmo relajado me deja sincronizar mi respiración y mi paso. En poco tiempo, estoy trabajando en la primera subida, existente sólo en esa pequeña burbuja de esfuerzo, balanceándose entre el placer y el dolor. Mis piernas me llevan, mi corazón y mis pulmones se sienten fuertes. El tiempo se disuelve y pasa de numerosas molestias a una naturaleza cualitativa. Que maravilloso es correr. Que agradecido, que afortunado me siento, que algo tan simple pueda otorgar tanta riqueza. Estos privilegios no deben tomarse a la ligera, atesoro todos y cada uno de los pasos que soy capaz de dar.

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Fotos: Joe Grant

Joe Grant es un ultramaratonista de elite de los estados unidos desde hace más de diez años. Pero sobre todo es un aventurero y un amante de las montañas. Sigue sus pasos a través de su web: www.alpine-works.com

 

Relato original de irunfar.com en el siguiente link:

http://www.irunfar.com/2015/01/on-running-and-privilege.html

 

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Las pequeñas cosas de la vida – Joe Grant

25 diciembre, 2014

LAS PEQUEÑAS COSAS DE LA VIDA

 

Por: Joe Grant

Cada diciembre, cuando el año se acerca a su fin, comienzo el mismo proceso de pensamientos, contemplando y analizando nuestros logros y nuestras derrotas en los últimos 12 meses. No importa cuán bueno o malo haya sido el año, siempre tiendo a agobiarme con un cierto sentido de ineptitud. Siendo por naturaleza una persona positiva, este sentimiento normalmente no dura demasiado, pero trato de no pasar por alto o dejar de prestar atención a la recurrente importancia de esta inquietud. Por supuesto, el éxito es una noción totalmente arbitraria, superficialmente definida por expectativas externas, pero sólo bien dentro nuestro es real, en la forma de nuestro propio sentido de satisfacción y alegría.

Con el running teniendo un papel tan importante en mi vida, ya sea a través de las carreras, la escritura, la fotografía o entrenando, tiendo a ser particularmente exigente con el valor y el significado de la actividad, para mí y para los demás.

Con poco más de veinte años, trabajé en el mundo de las ONG´s, los momentos más impactantes en ese trabajo los pasé en Kenia, en la construcción de escuelas primarias y educación de los niños. Si bien la obra no fue fácil de realizar, yo tenía un fuerte sentimiento de ayuda a esas comunidades, de una manera socialmente aceptada. El trabajo humanitario es visto por la mayoría como una valiosa contribución a la sociedad y por lo tanto es fácil sentirse digno y dar un significado a nuestros esfuerzos. A simple vista esto es una afirmación valida, pero la realidad de estas obras ocultan complejidades políticas y étnicas que solo con buenas intenciones no pueden conciliarse. Debo decir, que no pude encontrar el verdadero sentido o el valor de mi trabajo sin tener que buscar en lo más profundo de su real impacto, no sólo en la percepción global de lo que es bueno. Lo que encontré fue que, más allá de la política, más allá de las grandes implicaciones del trabajo, las pequeñas cosas son las que más importan, compartir nuestra experiencia como humanos, nuestra habilidad para tocar a alguien y sentir esa misma emoción y conexión. Cuando pienso en el tiempo que pasé en Kenia, la visión general de lo que es bueno o malo se disuelve y sólo los detalles quedan –las pequeñas cosas, los lazos de amistad, de realidad, de transcender de las circunstancias y encontrar esa conexión universal en nuestra existencia.

Cuando pienso en el running, aplico la misma lógica. Al principio, cuando pienso en el año que pasó, inmediatamente salto a la visión general, al rendimiento y a los resultados de las carreras, lo que produje o no… y no estoy satisfecho. Quiero más, quiero ser mejor y me comparo a mí mismo en vano. Lo que no alcanzo a reconocer al principio, lo veo con una más profunda y astuta observación; la calidad de las experiencias que he tenido y su profundo significado es en donde todo verdaderamente cobra sentido.

Ahora, esto no significa que me esté lavando las manos, ni haciendo un esfuerzo para esquivar lo que he fallado, es, en cambio, una afirmación de lo que verdaderamente crea un significado en mi vida. El valor inherente no se define por la percepción general, es algo mucho más íntimo. Es muy fácil enredarse en resultados y rendimientos y al hacer esto desvincularse de nuestro entorno y del corazón y del significado real de la experiencia. A veces, al vivir indirectamente a través de otra persona podemos echar un poco de luz a nuestras propias reflexiones y lograr una mejor comprensión de nuestro propio ser.

En la UTMB de este año, vi como Tony llegaba tambaleándose a Trient, se veía enfermo y agotado. Había estado vomitando en diferentes momentos durante las últimas horas y luchaba por sentarse recto en la estación de avituallamiento. Renunciando a la voluntad de intentar seguir compitiendo, decidimos que lo mejor sería que se acostara un rato, para que las náuseas pasaran. Tumbado en el colchón, se negó a quitarse las zapatillas al principio, ya que para él eso significaba aceptar la derrota. El rendimiento y las expectativas seguían pesando demasiado en su mente, pero fueron rápidamente sobrepasadas por la aún más apremiante necesidad de auto-preservación y el deseo de simplemente terminar.

Después de descansar algunas horas, observé un drástico cambio en su comportamiento, no sólo sintiéndose mejor físicamente, sino también desde el punto de vista mental. En ese momento, eres lo mejor que puedes ser y comprender eso es casi una revelación.

Para mí, es comprender que no somos ni mejores ni peores que nadie más y que circunstancias como ésta nos dejan ser vulnerables. Nos permiten exponernos en nuestra mejor y pura luz. La voluntad de terminar es lo que hay que celebrar y, sin embargo, más allá de eso está la similitud de nuestras luchas y la transparencia del ser que nos toca. Lo que ocurre es que el resultado final es irrelevante, pero no así la riqueza de los detalles que componen la maravillosa complejidad de la vida que vivimos. Lo más importante son las pequeñas cosas que nos hacen sentir, expresarnos y compartir.

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Fotos: Joe Grant

Joe Grant es un ultramaratonista de elite de los estados unidos desde hace más de diez años. Pero sobre todo es un aventurero y un amante de las montañas. Sigue sus pasos a través de su web: www.alpine-works.com

 

Relato original de irunfar.com en el siguiente link:

http://www.irunfar.com/2014/12/the-small-things-in-life.html

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RITUALES – Joe Grant

26 noviembre, 2014

RITUALES

 

Por: Joe Grant

Me despierto con el sonido del viento atravesando los árboles. La temperatura del ambiente es un poco fría, el fuego de nuestra estufa ya está casi agotado después de arder toda la noche. Como casi todas las mañanas, hago el inventario de cómo se encuentra mi cuerpo antes de salir de la cama. No he estado corriendo mucho, casi nada en realidad, desde hace un par de meses. Aparte de una ligera y crónica punzada en el Aquiles de mi pierna izquierda y un tendón de la corva apretado, los típicos dolores y malestares han migrado a diferentes partes de mi cuerpo. Mis dedos y antebrazos están duros y un poco hinchados por escalar. Mis cuádriceps están fatigados de andar en bicicleta, pero no tensos y machacados como cuando quedan después de salir a correr.

Después de volver de Europa a mediados de Septiembre, necesitaba un descanso, de cualquier entrenamiento específico o enfocado. Estaba quemado física y mentalmente. Después de lastimarme en la Hardrock en julio, debería haber dado por terminada la temporada, pero en vez de eso apreté los dientes durante todo el verano y a duras penas pude terminar el Tor des Geants. No hubo ni canción ni razón alguna para esta decisión, ni un proceso lógico de pensamientos, en vez de eso realmente quería, necesitaba correr. Era totalmente consiente de lo excesivo de mi búsqueda, pero mi deseo por moverme en las montañas era demasiado grande como para poder reprimirlo. Me había dado cuenta que si bien me encanta estar en la montaña, hay algo único en correr que no se puede igualar practicando ningún otro deporte de montaña.

Mientras me tomaba un respiro del correr, aún tenía que salir a las colinas, a los bosques, respirar el fresco aire de las montañas. Caminé, escalé, anduve en bicicleta y hasta esquié un poco después de la primera nevada. Me encantan todas estas actividades y tengo gran interés en perfeccionar mis técnicas y experiencias en cada una de ellas. Sin embargo, cuando me despierto a la mañana, tengo ese sentimiento especial de excitación que me agarra antes de salir por la puerta a correr. Decidí volver a empezar de una forma natural, cuando esas ganas por volver a salir a correr volvieran por si solas. Después de una taza de café ecuatoriano, un omelette y un poco de ponche de huevo (estamos en la temporada después de todo), me dirigí afuera, hacia el fresco aire de la mañana. Mis piernas se sentían frescas y sueltas. Resistí la tentación de arrancar a toda velocidad, en vez de eso aumente el esfuerzo de a poco cambiando satisfacción a largo plazo por gratificación instantánea. Es fácil dejarse llevar después de un periodo de descanso, pero se demasiado bien que correr es un juego en el que hay que ser paciente, un proceso de lenta adaptación. Mi mente tiene un empuje y una determinación que mi cuerpo aun no puede seguir.

El camino es una mescla de tierra, hielo y montones de nieve, sorprendentemente pegajosa. Corto a través de los bosques por pequeños caminos ventosos, dejando que mis pasos acompañen las ondulaciones del terreno mientras acelero el paso. Me encuentro con el primer ascenso, mi zancada se acorta, mi respiración se acelera y empiezo a sentir el fuego en mis piernas y en mis pulmones. El aire frio y la altitud se clavan en mi pecho. Bajo el cierre de mi camiseta de mangas largas, buscando más oxígeno. Mi cara hace una mueca, mientras mis manos caen a mis rodillas. Cambio a una caminata rápida, acarreando mi cuerpo colina arriba. Hago una pausa en la cumbre del ascenso, siento un hormigueo en todo el cuerpo.

Había olvidado este sentimiento, cuando el esfuerzo físico se encuentra con lo que me rodea. No hay distracciones u obstrucciones entre mi entorno y yo, solo hay un contacto directo. No hay un sentimiento parecido, cuando el físico, la mente y el espíritu se encentran. No salgo a buscar esas sensaciones, ni siguiera espero que algo especial suceda. Es un evento súbito, un encuentro de químicas adecuadas, donde el fino balance y armonía del entorno, ceden a través del movimiento. El simple hecho de correr, involuntariamente, adquiere toda su complejidad, un sentimiento común que compartimos todos los que corremos. Me encanta ese sentimiento, me encanta estar de vuelta.

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rituals-dFotos: Joe Grant

 

Joe Grant es un ultramaratonista de elite de los estados unidos desde hace más de diez años. Pero sobre todo es un aventurero y un amante de las montañas. Sigue sus pasos a través de su web: www.alpine-works.com

 

Relato original de irunfar.com en el siguiente link:

http://www.irunfar.com/2014/11/rituals.html