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Relatos, Running

En busca del ultramaratonista más completo de la historia.

23 marzo, 2015

Por: Pablo Casal

Si pensamos en buscar al mejor ultramaratonista de todos los tiempos el nombre de Yiannis Kouros es, seguramente, el primero que se nos viene a la memoria, invencible en todas las distancias ultras que se nos ocurran, con records que jamás en la historia de la humanidad serán igualados, un griego devorador de kilómetros único en su especie, sin embargo…..si a esta búsqueda por encontrar al mejor ultramaratonista de todos los tiempos le agregamos la montaña, bueno….la historia cambia.

Kouros realmente nunca triunfo en ninguna ultra-trail de montaña o 100-millas en ninguna parte del mundo, en 1988 Kouros corrió en los Estados Unidos una de las ultras de 100-millas más duras del mundo, la Western States. Llegó en la posición 24, a poco menos de cuatro horas detrás del ganador. Al año siguiente probo suerte en la Swiss Alpine Marathon, cruzó la meta en el puesto 48. Pensar que por esos años Kouros estaba en su plenitud física y era invencible en cualquier ultra de ruta, carretera o pista, pero la montaña, tal vez, no era lo suyo.

Ahora si pensamos totalmente en lo contrario, nos olvidamos de la ruta, el asfalto y la pista y sólo dejamos la montaña……bueno, decir ultras de montaña y decir Kilian Jornet es casi lo mismo. Kilian ama la montaña, creció en ella, vive en ella y corre en ella. Al igual que Kouros en el asfalto, Kilian es invencible en la montaña. Sus victorias y records son tantos que prácticamente no le quedan grandes carreras que ganar. Pero si en este caso quitamos la montaña de la ecuación, la verdad es que……lamentablemente nunca veremos a Kilian correr, por ejemplo, dos de las ultras más duras del mundo como el Spartathlon o la Badwater, simplemente porque no le gusta correr en terrenos planos o asfalto.

Ahora…..combinemos las dos cosas, la montaña y los terrenos planos o rutas. Después de todo estamos buscando al mejor ultramaratonista del mundo, no?!

En que corredor piensas?!…quien era tan invencible en un terreno como en el otro?!……..El gran Scott Jurek, claro que sí!

Aquí van algunos datos para tomar dimension de lo que fué y es este increible atleta:

En 1999 corrió por primera vez la Western States 100, una de las ultramaratones más duras del mundo, el día anterior a la carrera se afeito la cabeza y gritó a los cuatro vientos que no volvería a cortarse el pelo hasta el día en que dejara de ganar la carrera.

Su pelo creció sin parar durante siete años y esas siete victorias consecutivas en una de las ultras de montaña más duras del planeta son al día de hoy un record muy difícil de alcanzar.

En 2004 ganó su sexta Western States consecutiva, con record incluido (dicho record duró seis años hasta que en el 2010 otro grande, Anton Krupicka se lo arrebató) y a los dos meses ya estaba en la línea de partida de otra de las 100-millas más duras del mundo, la temible Leadville-100, esta vez llegó en segundo lugar.

Al año siguiente, volvió a ganar la Western States por séptima vez consecutiva y a las tres semanas y sin tener idea de a donde se metía, ya estaba listo para largar la ultramaraton más dura del mundo, la Badwater 135-millas. No sólo la ganó, sino que lo hizo logrando el record de la carrera.

En 2006, esta máquina de ganar volvió a lograr algo inimaginable para la mayoría, por segunda vez consecutiva ganó la Badwater 135-millas y a los escasos dos meses se encontraba en Atenas a punto de largar los 246km del Spartathlon. Ganó, claro está y con una marca que al día de hoy es la séptima mejor marca de la historia de la carrera.

En 2007 corrió la Hardrock-100, la tercer gran 100-millas de los Estados Unidos, cruzó la meta en primer lugar, con record del circuito y con tres horas de ventaja sobre el segundo. En menos de dos meses volvió a Atenas y volvió a ganar el Spartathlon.

El año 2008 lo encontró una vez más en Atenas, corrió y ganó por tercera vez consecutiva el Spartathlon en su tercera participación, algo que nadie volvió a lograr hasta el día de hoy. Ese mismo año consiguió su mejor tiempo y la quinta mejor marca de la historia de la carrera, sólo lo superan las cuatro marcas del gran Yiannis Kouros.

Como punto final y último gran logro de este increíble ultramaratonista, recordamos que en el año 2010 consiguió el record de 24hs en pista para su país con 266.677km.

Por haber sido tan implacable tanto en la montaña como en la ruta, por su filosofía y su visión de la vida. Scott es para nosotros el mejor de todos!

 

A continuacion les ofrecemos algunas imagenes únicas de este gran atleta.

jurek_WS100Un joven Scott Jurek «descansa» después de una de sus primeras victorias en la WS-100.

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Llegada en su sexta victoria consecutiva en la WS-100 de 2004.

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El famoso ataúd de hielo que Jurek utilizó en la Badwater-135, año 2005.

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A los pies de Filipides tras ganar su primer Spartathlon en el año 2006.

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Año 2010, Scott Jurek festeja su record nacional de 24hs en pista.

Si quieres saber más sobre la vida de este increíble atleta, te recomendamos su libro: “CORRER, COMER, VIVIR”

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Scott Jurek fue y es una gran inspiración para muchos de nosotros, no sólo por sus logros como ultramaratonista, sino también por su filosofía y visión de ver la vida y el mundo que nos rodea. Puedes seguir sus pasos a través de su web: scottjurek.com

Anton Krupicka, Photos, Running, Western States 100

WESTERN STATES 100 / 2010 – EN IMAGENES – ANTON KRUPICKA

7 marzo, 2015

Hace unos días te contamos como fué la Western States 100 del año 2010 en un gran relato de Anton Krupicka, ahora te la mostramos al detalle!!

Esta es una selección de fotos hecha por el propio Krupicka que reflejan lo vivido en ese gran dia!

“Había mucho jaleo en el circuito el sábado y un montón de gente consiguió unas excelentes fotografías que ayudan a resumir lo que fue ese día. A continuación les presento algunas de mis favoritas” – Anton Krupicka.

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(Corriendo hacia Emigrant Pass saliendo del Squaw Valley con Geoff, a primera hora de la mañana. Había una increíble capa de nieve colgando en Squaw Valley y después una vista espectacular del lago Tahoe directamente debajo de nosotros. Foto: Luis Escobar)

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(Geoff, Kilian y yo como fuimos durante las millas 23-45, nunca más de unos pocos metros de distancia uno del otro. Foto: Salomon)

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(Dusty Corners (38mi) parada en boxes: se me ve acelerado, pero mi equipo estuvo perfecto durante todo el dia. Foto: Doug White)

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(Y allí voy- dejando Dusty Corners. Foto: Doug White)

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(Pesándome en Devil’s Thumb, milla 48.)
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(Corriendo hacia Michigan Bluff en la milla 56. Obviamente estoy excitado por que la mayor parte de los cañones estaba terminada y todavia me sentía muy bien. Mis dos bidones estaban enganchados en la parte trasera de mis
pantalones – Definitivamente estuve llevando agua todo el día! Rickey Gates se cuela un poco mientras hacía un video. Foto: Glenn Tachiyama)
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(Joe me escolta fuera de Michigan Bluff, todavia corriendo calmado y relajado a pesar de que estaba empezando el calor. Foto: Brett Rivers)  
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(Entrando en Foreshill en la milla 62 con Jenn. Sintiendome muy bien, pero muy intrigado en como podría hacer para quebrar a Kilian. Foto: Megan Zaranek)

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Anton Krupicka, Crónicas, Relatos, Running, Western States 100

WESTERN STATES 100 / 2010 – ANTON KRUPICKA

4 marzo, 2015

En el año 2010 un invicto Anton Krupicka, había ganado todas las ultras en las que participó, se enfrentó en la Western States 100, una de las ultramaratones más duras del mundo, a otras tres bestias del ultramaraton: Geoff Roes, Kilian Jornet y Hal Koerner.

“….es sorprendente que no se paren nunca en los avituallamientos, ni pierdan unos segundos en comer unas galletas o unos trozos de fruta o en beber tranquilamente un vaso de agua congelada. Sólo se paran para cambiar los bidones por otros bidones llenos y seguir con el mismo ritmo, así de simple.” – Kilian Jornet sobre Anton y Geoff.

Fragmento del capítulo 7 “correr lejos para encontrarse a uno mismo” del libro “Correr o Morir” en donde Kilian cuenta su experiencia en esta carrera.

 

Este es el relato del gran Anton Krupicka sobre la Western States 100 del año 2010.

 

Por: Anton Krupicka

En el sábado, 26 de Junio, del 2010, hubo un momento en la milla 40 aproximadamente, de la edición número 37 de la Western States 100, en donde casi tuve que pellizcarme para saber que no era un sueño. Estaba corriendo fácilmente por un exquisito camino angosto junto con Geoff Roes y Kilian Jornet – posiblemente los dos mejores corredores de montaña de 100 millas del mundo- eso nos permitía ver ocasionalmente un casi negro cañón de Gunnison y su precipicio. El esfuerzo no era demasiado, pero estaban por aparecen los primeros signos de fatiga, y estábamos por embarcarnos al primer gran descenso de los legendarios cañones de la Western´s – una serie de tres descensos y ascensos: Deadwood, El Dorado y Volcano – donde la carrera casi siempre experimenta un cambio definitivo o un asentamiento en las posiciones. Lo mejor de todo, me sentía tranquilo, confiado y listo para rodar en una clásica sección de trail en un evento que, a mi parecer, siempre representó lo mejor en las carreras de ultra. La vida es buena.

Parece que la Western States tiene la capacidad de evocar este tipo de emociones y excitación independientemente del aspecto del evento que se esté desarrollando. Aunque sin duda hay algunas críticas para hacer hacia la organización y su puesta en escena, el evento realmente este a la altura de lo que su publicidad indica y es para nosotros nuestro campeonato nacional de facto en este nuestro pequeño deporte. Los atletas top aparecen, los frikis del ultra se excitan y twittean y escriben en sus blogs extasiados, y parece que todo el mundo se acerca a la tarea del día – correr 100 millas en un día – con un único y especial sentido del deber y del hacer las cosas bien. Yo sé que así lo hice.

Después de mi último (fallido) intento a las 100-millas en Leadville100 en agosto de 2009, aprendí que es importante nunca minimizar la distancia de 100-millas por jugar arrogantemente con sus demandas. Como consecuencia, fui a la WS100 de este año con el estricto objetivo de centrarme solamente en competir lo mejor que pudiera – aun cuando Pearl Izumi laudablemente puso un de miles de dólares para quien rompiera el record de la carrera- Yo simplemente seguí con mis intenciones de sólo tratar de ganar la carrera. Por otro lado pensé que, teniendo en cuenta el increíble talento de atletas de este año, simplemente ganar requeriría un record del circuito de cualquier manera.

Los cuatro grandes

Poco antes de las 4am del sábado por la mañana, me desperté, comí dos tortillas con Nutella, recogí mi dorsal y el chip para mi tobillo y me dirigí a la línea de salida sólo con unos minutos de sobra. Estaba un poco nervioso, pero en el buen sentido – sabía que estaba preparado y era simplemente estar emocionado como todos los demás al pensar en cómo el día de desarrollaría para los principales corredores.

2-emigrant_pass_mile4Geoff Roes ligeramente por delante de Anton Krupicka

en la parte superior de Emigrant Pass, en torno a la marca de 4 millas.

 

Desde el principio, el supuesto “Big Four” (Hal, Geoff, Kilian y yo) nos afirmamos como contendientes legítimos como todo el mundo había previsto. Las primeras cuatro millas del circuito inmediatamente suben a unos 2.500 pies relativamente pronunciados sobre caminos estrechos desde el Emigrant Pass hasta la cima del Squaw Valley Ski Area.

Como era de esperar, Kilian saltó rápidamente hacia adelante, pero fue seguido y finalmente alcanzado por Hal. Yo me quedé junto a Geoff unos metros más atrás y solo me centré en encontrar un ritmo confortable, que me durará todo el día. En el primer avituallamiento (tal vez una milla por debajo de la cumbre del paso), Kilian se detiene brevemente a beber un vaso de agua, lo que hace que Hal, Geoff y yo lo alcancemos. Nosotros básicamente corrimos uno detrás del otro desde la cumbre hasta el paso. Kilian estaba nuevamente al frente y corría en cada tramo corto empinado, pero sacaba sólo una pequeña ventaja a Geoff y a mí, que veníamos haciendo power-hiking. Estoy a favor de correr en terrenos muy empinados, pero con el paso de los años, me he dado cuenta de que esforzarse demasiado en esos tramos en una carrera de 100-millas no es siempre la mejor idea.

Geoff y yo coronamos la escarpa en 42 minutos y mirando por encima del hombro, pude admirar las espectaculares vistas del Valle de Squaw lleno de niebla, un reluciente lago Tahoe y un perfecto resplandor alpino en todos los picos circundantes. Fue realmente una mañana gloriosa. Descendimos por un estrecho sendero hasta el desértico Granite Chief, me contuve de dejar escapar un fuerte grito, no quería quedar como un chulo tan temprano en la carrera.

Casi inmediatamente, comenzamos la muy comentada sección de correr en la nieve. Las próximas cinco millas más o menos fueron sobre una capa profunda de nieve, consistía principalmente en mucha nieve y muy poco sendero. Me siento muy cómodo en este tipo de terreno mixto y técnico, me divertía trotando fácilmente detrás de Kilian y Geoff. Podría correr todo el día en este tipo de terreno y no aburrirme nunca. Los tres trabajamos juntos para encontrar las banderas amarillas que marcaban el circuito y en poco tiempo estábamos en un amplio sendero que terminaba en un portón (que espontáneamente salté – tenía mucha energía temprano en la mañana) en donde giramos a la izquierda hacia el llamado “Ruta de la nieve” – un amplio descenso graduado que eventualmente nos llevó a una gran ruta de servicio forestal de grava.

Estrategia 1: Ejercicio moderado

Fue en esta sección que los compañeros del equipo Pearl Izumi (Josh Brimhall, Nick Clark y Nick Lewis) dieron caza a nuestro pequeño grupo líder de tres y trajeron con ellos a Hal, Zach Miller y Leigh Schmit. La mayoría de los muchachos de este grupo son amigos y se armó un grupo alegre en esas horas tempranas de la mañana, descendíamos gritando por la carretera en lo que posteriormente me daría cuenta que era un ritmo alarmantemente rápido. Josh sin dudas fue el culpable – parecía que estaba forzando el ritmo a más o menos 6 minutos la milla al frente del grupo y Kilian estaba más que dispuesto a seguirle el ritmo.

WS100_2010_krupicka

Al llegar a una amplia sección de la carretera, encontré un lugar cómodo al final de nuestro extenso grupo junto a Nick Clark y Nick Lewis. En un momento, Hal se detuvo para fertilizar los arbustos y cuando volvió volando al grupo paso a mi lado y me dio una palmada en el trasero y me dijo, “Es hora de empezar a correr, chaval!”, pero yo me estaba dando cuenta que delante de mí había muchos que estaban corriendo muy por encima de su nivel, aun en esta etapa temprana.

Corrí lo más rápido posible, siempre sintiéndome cómodo sin sentir que estaba abriendo mucho mi zancada o forzándome demasiado, y sólo espere pacientemente por el giro al camino de Poppy en la milla 19. Soy capaz de correr a un ritmo más rápido en carreteras, pero hacerlo muy temerario tan al principio en una carrera de 100 millas. Seriamente parecía un ritmo de una carrera de 50 millas, al menos para mí y yo estaba un poco preocupado por el hecho de que ya no podía ver a Kilian, Josh, Hal, Zach y Leigh que estaban muy por delante. Para volver a ajustar mi distancia con la cabeza de la carrera, hasta me paré a regar las plantas y para cuando llegue al avituallamiento en 2:38, estaba muy cerca de Nick Clark y podía ver a Josh yendo hacia el sendero. Perfecto, de vuelta en mi ambiente preferido!

El precioso sendero a los largo de las orillas del embalse del French Meadows era rejuvenecedor e inmediatamente renovó mi confianza. En cuestión de minutos, pude ver a todo el grupo frente a mí y pronto me instalé detrás en un ritmo muy cómodo detrás de Hal, Kilian, Goeff y Zach. Las posiciones quedaron así hasta que nos metimos en los árboles y en la sección del Star Fire Burn. Esta porción de 1.5 millas de sendero muy tosco y parecía que había sido abierto el día anterior. El ritmo se mantuvo relajado, pero en el corto ascenso al puesto de avituallamiento de la millas 24 en el cañón Duncan, Hal y Zach se hicieron a un lado y Goeff, Kilian y los demás llegamos juntos en 3:12.

Estrategia 2: Mantenerte fresco e hidratado

Duncan fue el primer lugar en donde vi a mi equipo, Jenny Uehisa, Jenn Shelton y Joe Grant (recién llegado de su segundo puesto en la Bighorn 100 del fin de semana anterior). Estuvieron fantásticos durante todo el dia, y en este avituallamiento, establecimos una impecable rutina en el intercambio de bidones de agua, atar un pañuelo con hielo alrededor de mi cuello y rellenando mis bolsillos con geles GU. Yo llegue a estar en el avituallamiento más de 20 segundos. Si bien estuvimos sintiendo el calor del sol en las secciones del camino expuestas anteriormente, pronto nos dejamos caer en un sendero a la sombra mientras llegábamos al fondo del cañón Duncan. Me sentía un poco tonto al llevar dos bidones de agua congelada (había largado la carrera solo con uno) y un helado pañuelo alrededor del cuello, pero sabía que en esta carrera era una buena idea intentar mantener la temperatura corporal lo más baja posible por el mayor tiempo posible.

En el descenso al rio por la parte baja del drenaje, Hal con alcanzó pero rápidamente se quedó atrás mientras yo conducía al grupo en el ascenso gradual de 1500 pies hacia el avituallamiento de Robinson Flat en la milla 30. Me sorprendió gratamente esta sección del circuito, era realmente un circuito de trail running con algunos tramos técnicos, algunas ramas caídas y una cantidad significativa de nieve a medida que nos acercábamos al final del ascenso. Al llegar a Robinson Flat, Kilian se adelantó al grupo en la última subida y yo imagine que o necesitaba parar para hacer pis o estaba intentando hacer una escapada porque ya estaba cansado de mi ritmo-tranquilo en el ascenso. Tampoco parecía ser el caso, sin embargo, mientras Geoff y yo seguíamos perseverando. Unos minutos más tarde, volvimos a alcanzar a Kilian. Toda la nieve que había alrededor del avituallamiento llevó a una cierta confusión leve en cuanto a que camino deberíamos tomar, pero Rickey Gates estaba filmando la carrera y nos indicó la dirección correcta en cuanto llegamos al puesto de control en 4:11.

No tenía a nadie de mi equipo en Robinson, así que rápidamente rellene mis bidones y salí del avituallamiento primero al ascenso, cubierto de nieve, hacia la cima del Little Bald Montain. Geoff y Kilian rápidamente me alcanzaron y en la cima comenzamos lo que era esencialmente un continuo descenso de 15 millas a las profundidades de cañón Deadwood y a la parte inferior del ascenso al Devil´s Thumb.

En el camino a Millers Defeat (milla 34) y al Dusty Corner (milla 38), sólo me enfoque en correr y relajarme lo máximo posible y poniendo por delante el realizar el mínimo esfuerzo por seguir corriendo junto a Geoff y Kilian. Todos parecíamos tener la misma idea en la cabeza-estábamos en la cabeza de la carrera y todos sabíamos que éramos dignos competidores, pero no veíamos ninguna razón por la cual acelerar el ritmo por el momento. Como resultado, esta sección fue bastante agradable, aunque un poco monótona. Estaba muy feliz de tener la compañía de Kilian y Geoff, con Geoff charlábamos de vez en cuando sobre muchos varios temas. Por desgracia mi español no es tan bueno como podría ser, por lo que Kilian se quedaba en silencio detrás nuestro, la mayoría del tiempo. Siempre sentí el impulso de correr más rápido, conscientemente me contuve, recordando que todos por los que tenía que preocuparme estaban ahí conmigo- era demasiado temprano para hacer cualquier intento de acelerar el ritmo.

Estrategia 3: Perseverar en tándem.

Al poco tiempo, ya habíamos pasado la sección del Pucket Piont y los tres llegamos en tándem al avituallamiento de Last Chance en la milla 43 en 6:04, como lo habíamos estado haciendo durante las últimas 20 millas. A medida que nos aproximábamos al avituallamiento, Geoff comentó que no se podía creer que solo habíamos hecho el 40 por ciento de la carrera y que todavía estábamos tan lejos de la meta. Creo que ni siguiera le conteste, no me gusta pensar en cuanto me queda por recorrer hasta más o menos la milla 60 o 70 – es simplemente demasiado desalentador pensarlo antes.

Cuando nos aproximamos al precipitado sendero del cañón Deadwood, señale el sendero de la izquierda, pero Geoff se movió hacia un lado esperando que uno de nosotros tomara la delantera en el descenso. No tenía ningún problema con marcar el ritmo por algún tiempo, como lo había estado haciendo desde hace algunas horas, ahora que estaba al frente quería conscientemente hacer el menos esfuerzo posible. Después de algunas curvas, Kilian dijo algo, mientras me adelantaba por la izquierda, y en 20 segundos estaba literalmente desaparecido. Verlo descender saltando por el sendero durante esos pocos segundos fue verdaderamente increíble. Si, estaba corriendo fácil y lento a propósito, pero no podía imaginar castigar de esa manera a mis cuádriceps tan temprano en la carrera.

Geoff dijo algo así como que ni loco iba a seguir a eso; estuve de acuerdo, y realmente empecé a pensar que la carrera por el primer puesto estaba terminada. Después de su, de alguna manera, agresiva largada, toda la mañana estuve esperando que Kilian en algún momento simplemente despegara y nos dejara a Geoff y a mí atrás, y esta parecía ser esa jugada. Sin embargo, mientras descendíamos tranquilamente al puente colgante (en 6:27), Geoff remarco que ese puente- en poco tiempo le absorbio tanta energía que sus piernas parecían haber corrido 90 millas, y estábamos a punto de ascender 1.7 millas, 1,500 pies hacia arriba al Devil´s Thumb.

Antes de la carrera, tenía muy bien planeado el parar y meter mi cabeza en el arroyo al costado del sendero en la base de esta colina, pero cuando llegamos abajo, simplemente no sentí la necesidad de hacerlo, el calor no parecía lo bastante sofocante aun.

Antes de la carrera, tenía muy bien planeado el detenerme y meter la cabeza en el agradable arroyo que había al costado del camino en la base de esta colina, pero cuando llegamos allí, simplemente no sentí la necesidad, el calor no parecía tan malo todavía. Las curvas iniciales son bastante empinadas y Geoff y yo rápidamente comenzamos con una fuerte power-hike conmigo delante. Al minuto, más o menos, era obvio que me sentía más fuerte y rápidamente me aleje mientras la subida continuaba. Había varios tramos largos y fáciles de correr para dejar el power-hike de lado (especialmente en la mitad superior de la colina), y yo solo me mantenía enfocado en mantener mi esfuerzo parejo, controlado y moderado.

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EL GOBERNADOR CENTRAL – Scott Jurek

8 diciembre, 2014

EL GOBERNADOR CENTRAL

Por: Scott Jurek

 Un mes antes de la Western States 100 del 2006, un amigo y compañero de carreras me preguntó si quería ser su liebre en el evento.

Conocía a Brian Morrison desde hacía un año, más o menos. Habíamos corrido juntos durante el invierno y el verano del 2006, antes de mi viaje a México. Él tenía veintisiete años, era uno de los encargados en la Seattle Running Company. Quiso saber sobre los cañones de la Western States, sobre el calor, sobre el trabajo en colinas que debíamos hacer. Me hizo todo tipo de preguntas y yo se las contesté una a una. No creo en los secretos. No es que sea una especie de sabiduría misteriosa que te permite derrotar a alguien o que esa persona te derrote a ti. Para vencer en los niveles de élite es necesario tener una técnica y estrategia con el fin de poder estar seguro, pero el corazón también ejerce un papel fundamental, y de eso Brian iba sobrado. Tenía empuje y una poderosa ambición. En muchos aspectos me recordaba a mí.

Era extraño estar en la línea de salida y no gritar, no esprintar hacia la cabeza del pelotón. Se me hacía raro seguir el progreso de otros corredores y charlar con los voluntarios que me habían ayudado durante los últimos siete años en los puestos de ayuda, era algo placentero. Pero lo que lo hacía más que placentero era Brian. Le había dicho antes de la carrera que tenía lo que necesitaba para lograr la victoria. Durante casi 90 km estuve atento a su progreso desde diferentes puntos de la carrera – las liebres no pueden competir hasta el kilómetro 100 – y no me estaba decepcionando. Se movía bien, iba en quinto lugar y parecía fresco y relajado. Pero en el km 88 la cosa cambio de color. Ese fue el momento en que Brian comenzó a tener problemas. Estábamos a unos 50°C, lo típico de la Western States, y podía jurar que ese factor le estaba afectando. Se estaba frenando. Tenía la seguridad de que cuando me uniera a él, tendríamos un arduo trabajo por delante. Sabía que tendríamos que aumentar el ritmo. Había estado despierto desde las tres de la mañana y me preocupaba que la falta de sueño me pudiera pasar factura. Yo sabía que podía correr un ultra y ganarlo. Sin embargo, ser responsable del éxito de otra persona me asustaba un poco. No me había preparado para las dudas. Tendría que pensar en ello y buscar una solución antes de dar la primera zancada.

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Brian 3 checking out

Cuando me uní a Brian, el locutor anunció por megafonía: “¡Scott Jurek va a entrar en la pista!”. Básicamente, yo estaba allí para ayudar a otra persona, pero cuando escuche mi nombre a tal volumen provoco una liberación de adrenalina a mi sangre. Había llegado el momento.

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En el km 100, Brian iba en cuarto lugar. Le dije que para cuando hubiéramos pasado por el cruce del rio Rucky Chucky – a 25 km – ya habríamos adelantado a todos. Le dije que en ese momento iríamos en cabeza y que seguiríamos en esa posición hasta que cruzáramos la línea de meta.

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