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SPARTATHLON 2019 – ALEJANDRO ALMIRÓN

14 octubre, 2019

Alejandro Almirón es un atleta argentino con una carrera corta pero vertiginosa en el mundo del ultrafondo. En su pequeño gigante curriculum figuran carreras como la durísima Brazil 135+, la PT 281+ de Portugal y por supuesto, el mítico Spartathlon griego.

A continuación compartiremos su crónica de la carrera y las mejores imágenes de este atleta en el Spartathlon 2019. Mencionar, también, que Alejandro fue parte de una Legión Argentina de récord, llegando con nueve atletas a los pies del rey Leónidas.

Aquí su historia:

Recuerdo que hace seis años no corría, tenía un poco de sobrepeso y un aburrido domingo a la tarde, buceando en internet, me encontré con el Spartathlon. Mientras leía, primero me pareció imposible, quimérica y luego pensé que los que la corrían serian superhumanos o estaban locos.

Me puse esa vara bien alta sin haber corrido, ni siquiera, un kilómetro y quizás «algún día” intentaría correrla. Arranqué de cero, estudié, aprendí, pregunté y me equivoqué, hice todo sin entrenador (considero que nadie conoce mi cuerpo como yo mismo)

Pasó el tiempo, las marcas, las ultras y este 27 de setiembre, después de seis años, estaba en la línea de largada, era uno más de esos locos.

Era una hermosa mañana y correr el Spartathlon por primera vez hacía que todo fuese sorpresa, asombro. Iba mirando el paisaje como un niño por la ventana del coche, los kilómetros y el calor no se sintieron al principio, por lo cual el kilómetro 42 llegó sin sorpresas.

A partir de allí el sol empezó su castigo y los corredores, de a poco, empezamos a sentirlo. Yo llevaba un control riguroso de ingesta de sales, geles y carbohidratos que seguí a rajatabla, cada hora. Hoy pienso que eso fue un acierto.

Pasé a Sandra Rolón en el kilómetro 60 y la noté golpeada por el calor, vi varios corredores más en la misma situación. Al kilómetro 81 (Corinto) llegué bien, con cuarenta y cinco minutos de margen, estuve unos minutos en el CP, comí un poco de pasta y salí. Después supe que en ese check point quedaron muchos corredores.  Seguía pasando corredores, que no se reponían del calor, yo sabía que era una carrera que te obliga a correr casi todo el tiempo.

Cerca del kilómetro 100 lo veo a German Cordisco que venía muy lento, le pregunto a Betiana Pintener y me dice que él no había orinado nunca ( llevábamos casi diez horas de carrera), le di sales, agua, otra vez sales y no se reponía. Cuando llegamos al control del kilómetro 103 le dije que no podía seguir así, que pondría en riesgo sus riñones. Lo entendió, no sin antes, sentarse a llorar al lado de mi equipo. Betiana se quería quedar con él pero me la llevé casi obligada.

Empezaba a oscurecer y fuimos juntos un buen trecho hasta que decidí ir más lento de acuerdo a mi plan, en el kilómetro 120 empezó mi bajón, mareos y descompostura, lo cual hicieron que llegue caminando al check point. Me senté dentro del coche, creí, en aquel momento, que tuve un bajón de presión, también tomé reliveran para las náuseas y pasados diez minutos me repuse.

Mas tarde en el kilómetro 150 el sueño empezaba a hacerse sentir más fuerte, pese a las tazas de café que había tomado. No quería parar, si bien mantenía una hora de ventaja sobre el corte, me propuse seguir pero, literalmente, no podía. Daba diez pasos y me iba hacia el medio de la ruta. «¿Qué hago?» pensé, bajé la cabeza y busqué lo que había escrito en las puntas de cada una de mis zapatillas: «Juli y Tomi», el nombre de mis 2 hijos. Solo con mirar sus nombres, sentía que estaban haciendo el esfuerzo conmigo, fue muy movilizador sentir que los tenía en mis pies, ayudándome.

Así llegué a la base de la montaña donde me pondría abrigo, guantes y mochila, pero no fue así ya que mi equipo se perdió y no llegó al CP a tiempo. Subí la montaña como estaba, decidí no pensar en el frio y sólo subir. A la bajada sufrí una caída fuerte, gracias a dios sobre las nalgas y no sobre un hueso. Finalmente estaba del otro lado.

La encuentro a Betiana otra vez y fuimos hasta el kilómetro 190 juntos, amaneció y por suerte fue con neblina y sin sol. En el kilómetro 200 comienza una subida grande y veo que Betiana se va quedando, yo decido seguir, subida, subida y más subida. Faltando treinta kilómetros se fueron todas las nubes y el sol salió a cobrarse las horas que no estuvo; fue tremendo, inclemente.

Yo llevaba, todavía, una hora y decidí quedarme más tiempo en los puestos. Tuve mi segundo bajón, hacía ya muchas horas que no tomaba más geles y que nada solido me pasada. Sumado al desgaste de las subidas, estaba vacío de energía; me mojé la cabeza, mastiqué, chupé y escupí las gomitas energéticas y con eso fui recuperando fuerzas. El último tramo era todo bajada, pero mis cuádriceps se habían ido de mi cuerpo, hacía ya muchos kilómetros .

Recordé, antes de apagar el teléfono, el último mensaje de mi hijo de hacia ya, un día y medio: «Tranquilo Papá, todo va a salir bien», me levanté de la silla, me puse una toalla mojada en la cabeza, la mente en blanco y a correr.

Decir que fueron interminables, esos kilómetros que quedaban, es poco. Así como también interminable parecía esa avenida, pero ya no importaba. Ya no había dolor, no había cansancio.

Me puse la camiseta argentina y con mi equipo al lado disfrutamos de ese paso triunfal con tantas muestras de afecto en las calles, los balcones y los niños. Así fue hasta llegar a esa figura gigante y besar esos pies, levanté la vista y le dije: «Misión cumplida, aquí estoy!”

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Fotos: web oficial del spartathlon

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Desde espiritulibre felicitamos a Alejandro por este magnifico logro y esperamos verlo a los pies del rey Leonidas, durante muchos años más!

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SPARTATHLON 2013 – NICOLÁS KIERDELEWICZ

6 agosto, 2019

Nicolás Kierdelewicz es un atleta argentino que emigró junto a su familia a España. Oriundo de Mar del Plata y siempre vinculado al deporte, este atleta encontró su mayor desafío en los 246km del mítico Spartathlon griego. Nicolas tuvo la suerte de integrar, en aquel año 2013, la primera y original legión argentina en el Spartathlon. Legión que hoy en día sigue conservando el récord de argentinos en meta, en la historia de la carrera, con seis finishers.

Aquí su historia:

Todavía me acuerdo cuando, allá por octubre del 2007, me compré ropa para volver a trotar, haciéndome la fantasía que corría el Spartathlon. Esto mismo pensaba mientras recorría los últimos 40 kilómetros camino a Sparta, mientras los coches tocaban bocina sacando un brazo por la ventanilla, con el puño en alto, en modo de saludo.

Mi Spartathlon empezó a principios del año 2008 con la primera Media Maratón. Todo a partir de ahí lo hice pensando en esta carrera, si se puede llamar carrera. Mientras pasaban las Maratones y los entrenamientos kilométricos me fui dando cuenta que si quería completar los 246 kilómetros que unen Atenas con Sparta en menos de 36 horas debía convertir la acción de trotar en algo totalmente natural. El correr no debía ser una acción sino un estado. Buscaba constantemente nuevas rutas y caminos similares al Spartathlon. Corría en carreras que solo me sirvieran para el Sparta. Miraba videos, fotos, leía crónicas de gente que la había hecho. Intentaba aprender todo lo que pudiera para que mi entrenamiento sea lo más parecido al camino que seguiría.

Nos despertamos el gran y esperado día 27 de septiembre a las 4 de la mañana y desayuné en la habitación del hotel con Patri y Cati, preparando todo lo que iba a necesitar para sobrevivir durante el próximo día y medio. Me puse la ropa, que la sentía como mi amiga, llegó Nacho y salimos para la Acrópolis…a la largada del Spartathlon!

Fuimos de los primeros en llegar. La mañana estaba templada y no había viento. Empezaba a asomar el sol sin poder esconderse en ninguna nube y sus primeros rayos rojos bañaban el lateral del Partenón. Que feliz me sentía! No había otro lugar en el mundo donde quisiera estar. Después de no se cuantas fotos nos disponemos los 350 afortunados en la línea de salida. Éramos 9 los argentinos que estábamos dispuestos a rendirle homenaje a ese valeroso rey Leonidas aunque esa no era mi motivación. Algún día me gustaría que se organizara una carrera similar en Argentina homenajeando a nuestros valientes como Cabral, San Martín, Belgrano, y tantos otros perdidos por historias mentirosas.

Siete en punto daba el reloj y largamos. No estaba nervioso ni ansioso, porque sabía lo que tenía que hacer y sabía lo que me esperaba. Corrí esta carrera mil veces en mi cabeza. Mi cuerpo y mi mente estaban muy bien preparados pero la única duda que tenía era si sería capaz de solucionar todo lo que me viniera. Habría mucho incontrolable que controlar. Inmediatamente encuentro a Darío Arauz y nos ponemos a correr disfrutando de ese momento tan especial. Siempre manteniendo el ritmo que me había recomendado Pablo Silguero, mi entrenador. Estuvimos juntos durante casi 2 horas, después, en un avituallamiento nos separamos y ya no nos volveríamos a cruzar hasta pasados unos 200 kilómetros. Seguí solo, pero rodeado de corredores de distintas partes del mundo. Íbamos por una autovía donde los coches pasaban muy rápido y donde también, había muchas pequeñas capillitas recordando accidentes mortales. Quería salir rápido de ahí.

No faltó mucho para que tomáramos una ruta más tranquila que nos llevaría a pasar por un pueblo, creo que Elefsina. Allí nos recibieron un montón de niños y adolescentes formando una fila y gritando para que les chocáramos las manos. Este tipo de cosas llenan el alma y me hicieron ver que la decisión de estar allí había sido la correcta.

A los pocos kilómetros llega mi equipo de apoyo formado por Patri, Cati y Nacho, sumándose al coche Lili Caserta para apoyar a Darío. Tener un equipo de apoyo te da la tranquilidad de que no te va a faltar nunca nada y que podrán solucionarte cosas que no tuviste en cuenta. También ver una cara familiar (En mi caso, caras muy queridas) cada ciertos kilómetros es un apoyo con un valor enorme. Después de un rato empezamos a bordear la costa con un paisaje precioso aunque con subidas y bajadas constantes. Bueno, en realidad todavía no habíamos tenido un rato de trote en llano; o subíamos o bajábamos. Era poco más del kilómetro 30 y me sentía genial.

Un rato largo estuvimos por esa bonita ruta, aunque mantengo que es muy parecida a parte de la ruta de Málaga a Almería. Realmente no me llamó mucho la atención. A lo lejos vi una subida bastante larga e inclinada, casi que me puse contento porque la haría caminando…por fin después de más de 3 horas sin parar de correr. Empecé a subirla a paso decidido pero intentando no forzar más de la cuenta porque faltaba un montón, casi ni quería pensarlo. Llegamos al puesto de control y avituallamiento número 12, donde me volví a encontrar a Martín Córdoba para seguir juntos un rato. Seguimos por esta ruta en donde parecía que ahora las subidas y las bajadas eran más largas.

Pasamos algunos puestos de control más para meternos tierra adentro donde el viento empezó a soplar de cara un poco más fuerte. Para algunos maldición y para otros bendición. A mi me vino genial porque hacia que los 30 y pico de grados de calor no me afectasen mucho. Seguía pasando puestos de control llegando al kilómetro 60 del recorrido y la cosa empezaba a doler. Mi ritmo seguía siendo el planteado para estos primeros e importantes 81 kilómetros. Ir a 5:45 min/km para que, al parar en cada puesto a beber y comer, me diera una media de 6 min/km.

Puesto de control 18 y volvimos al mar por una ruta que nos llevaba a una refinería de petróleo donde el siguiente puesto sería el kilómetro 70. Mi ritmo había bajado un poco y las piernas gritaban de dolor. Hacía unos 10 kilómetros que me venia acordando las palabras de mi entrenador Pablo, donde me decía que siga adelante aunque duela porque iba a pasar, igual que iba a pasar las buenas sensaciones, y que a Mauro le había pasado lo mismo por esta parte del recorrido cuando la terminó en el año 2010. Faltaban 10 kilómetros para el primer gran control cruzando el canal de Corinto. Nada me iba a parar!

Subidas y bajadas constantes no me facilitaban las cosas pero de a poco me fui recuperando y recuperando, también, el ritmo. Empecé a sentirme muy bien sabiendo que quedaba poco para cruzar el canal. Me hacia especial ilusión cruzarlo porque marcaba el final de la primera parte en la que dividí la carrera y la parte que más me preocupaba.

Encarar una carrera de 246 kilómetros del tirón es algo que mi cabeza no podía procesar, así que la dividí en 4 sectores para que al lograr cada uno de estos sectores lo sintiera como un éxito.

El primero, de esos cuatro sectores, era una carrera de regularidad hasta el puesto de control 22 (kilómetro 81), donde el reloj era importantísimo y el ritmo abrumador. El segundo era intentar hacer lo más fácil posible el llegar hasta la base de la montaña en el kilómetro 150. El tercero era una carrera de montaña donde tendría que subir y bajar ese monte de 1200m de altura y llegar hasta el punto Nestani donde estaría el otro gran control (kilómetro 172). Y a partir de allí, el último sector era solamente quería llegar al kilómetro 202, porque sabía que una vez pasado los 200 kilómetros, nada me iba a impedir completar los 246,5 kilómetros; tardara lo que tardara.

Sintiendo que quedaba poco, para completar ese primer sector, me pongo a correr con un griego que tenía varios finishers en el Spartathlon. Charlando pasaron un par de kilómetros hasta que, a mi izquierda, veo el canal y más adelante el puente que lo cruzaba. Yeah! No sé que pasó pero quedé corriendo solo. Paso por un puesto de control justo antes de llegar y paro a comer. Mientras agarraba cosas esquivé a un atleta que estaba sentado con la cabeza apoyada en la mesa, algunos segundos después me di cuenta de que era Gerardo Re. Había comido algo que no le sentó bien y estuvo vomitando. Le ofrecí todo lo que podía ofrecerle pero no le entraba nada y con dolor le dejo ahí solo. Llegó el puente y veo a mi equipo con las cámaras de fotos listos para inmortalizar ese momento. Que alegría, que emoción! Dos kilómetros más adelante llego al tan ansiado gran control Nº22 (kilómetro 81) con 55 minutos de ventaja sobre el horario de cierre. Perfecto!

Haciéndole caso a Pablo, me hago unos masajes que me dejan muy bien. El masajista era un fenómeno griego llamado Giorgos o “George” como lo bauticé. Manos fuertes y toques justos donde los necesitaba. La valoración de “George” fue muy buena, tenía solamente cargada la parte externa de mis cuádriceps y el resto estaba bien. Justo al irme del puesto, a los diez minutos de llegar, veo a Martín y salimos juntos. Esta causalidad sería clave para mi carrera.

Salimos por un camino lleno de olivares con muy buena charla, pasando kilómetros y ganando minutos a los horarios de cierre. Llegamos al puesto de control 26, antiguo Corinto (kilómetro 93) sin mayor esfuerzo. En este puesto nos podían asistir los chicos así que le pude meter calorías al cuerpo, unos minutos después seguimos por caminos entre viñedos, con buen ritmo, buena charla y viendo como caía el sol.

Casi sin sentirlo llega el puesto 29 (kilómetro 102) con la peculiaridad que nos recibieron con una pancarta de bienvenida en la entrada del pueblo y unos chicos nos pedían autógrafos. Faltaban 15 minutos para llegar a las 12 horas de carrera.

Pasados diez kilómetros y tres puestos de control, ya era de noche. Nuestro equipo podía asistirnos nuevamente. Tocaba abrigarse, meternos calorías y ponernos el frontal, que sería el gran compañero de las siguientes 12 horas. Seguimos por ese camino oscuro, viendo como luces lejanas se movían de acá para allá. La compañía de Martín se hacia importante para sobrellevar esa noche cerrada. Me sentía muy bien aunque la cosa ya se notaba, pero en mi cabeza no había dudas.

Llegamos al puesto de control 35 y veo el censor donde teníamos que pasar el chip que actualizaría los datos en la página web, se me pasó por la cabeza que estaría pensando Pablo y como me gustaría regalarle el final. No sé si el lo sabrá pero fue y sigue siendo un referente para mí.

Inmediatamente llegados al puesto de control vemos a nuestro equipo que nos reciben con sonrisas enormes y mucho aliento. Me estaba esperando, sobre una mesa, un tazón de fideos con queso. Pasaron la sopa y un masaje recuperante; ya eran las diez de la noche. Besos a todo el mundo y a seguir sumando kilómetros.

Veníamos genial y con mucha motivación. Martín había intentado por dos veces terminar esta carrera y su experiencia me ayudaba. Me contaba que nunca había tenido estas sensaciones a estas alturas y me emocionaba de solo pensar llegar los dos juntos a meta. En una de esas bajadas sentimos un corredor que nos alcanza y era Leo Bugge, otro experimentado argentino en esto del Spartathlon. A partir de allí, los tres seguimos adelante. Yo pensaba la suerte que tenía de poder correr con ellos en esta parte tan delicada de la carrera. Nos comimos otros cinco puestos de control. Llegaba el puesto 40 y mi equipo estaba listo para darme calorías y más abrigo. Charlas, fotos y besos para recargar energía y envolvernos en ese manto negro que solo rompía la luz de nuestro frontal.

En el puesto de control 42 sumariamos 146 kilómetros avisándonos que a partir de ahí empezaríamos con las dos cifras y descontando kilómetros hasta la meta. Faltaban 100 kilómetros para Leonidas y diez minutos para las dos de la mañana.

El camino empezó a inclinarse bastante en diferentes tramos, lo que nos obligaba a caminar para después trotar en las bajadas. Sin darme cuenta, acababa de terminar la segunda parte de mi carrera y ya estaba en la base de la montaña con 150 kilómetros en el cuerpo. Pasaron varios kilómetros más y nos fuimos separando para buscar cada uno su propio ritmo. Yo seguía sin enterarme que había empezado la montaña porque íbamos caminando por una ruta de asfalto, aunque serpenteante, era asfalto y yo esperaba la tierra.

A unos 600m del puesto de control 46 veo a un atleta caminar en zigzag muy cerquita del barranco y me doy prisa hasta alcanzarlo, para a ver que le pasaba. Era un atleta japonés que caminaba dormido. Le saludo y le apoyo la mano en la espalda, en modo empujón, mientras le doy charla hasta el control en donde se sienta en una silla y allí se queda. Mas adelante me seguiré cruzando, cada tanto, con este atleta japones hasta llegar a la misma Sparta.

Sigo subiendo, pasando por debajo de una autopista muy iluminada y dando gracias por poder descansar un poco la vista. Eran las cuatro de la mañana cuando llego al siguiente punto de control donde estaban los chicos. Ellos me dicen que empieza el tramo llamado “la escalera”, unos 2,5 kilómetros de ripio para llegar a los 1200m de altura de la montaña tan esperada; no lo podía creer! Aunque tenía las piernas reventadas y solo 34 minutos de ventaja sobre el corte, tenía muy buen ánimo. Me tiro, literalmente, en una camilla a que me den un masaje y para mi sorpresa estaba “George”, el mismo masajista del kilómetro 81 que me volvió a dejar “casi” como nuevo. Ya no había mucho más que George pueda hacer.

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SPARTATHLON 2018 – KARINA MOLINAS

14 noviembre, 2018

Karina Molinas se presentaba en la línea de partida del Spartathlon buscando convertirse en la primera atleta de Paraguay en lograr completar el mítico Spartathlon. Por esas cosas del destino le ha tocado vivir una de las peores ediciones de la historia, sino la peor. Lluvias durante, prácticamente, toda la carrera, tormentas terribles y vientos huracanados. Una estampa apocalíptica que solamente los más fuertes, de cuerpo y mente, pudieron vencer. 

 

Aquí su historia:

 

EL SPARTATHLON NO SE CORRE…SE VIVE

 

Mi historia en el Spartathlon comienza a escribirse en el 2014, en la 1° edición del “Ultramaraton en pista de 12hr Desafío Powerade” que se realizó en Asunción (Par). Estaba participando en un equipo de 4 corredores y en una de las vueltas nos saludamos con Fabián Duarte (finisher del Spartathlon), que vive en la ciudad Formosa, Argentina. Fue admirable verlo correr, ya que para mí el mundo del ultra era algo desconocido. En el año 2015 tuve la oportunidad de ir a su ciudad, Formosa, a una competencia de 10km. Después de terminarla Fabián nos invitó a su casa a tomar café, allí nos mostró todos sus logros en la disciplina del ultramaratón y también nos contó de su hazaña del 2013 en el Spartathlon. Fue ahí mismo, en su casa, que nos convenció a mí y a mi pareja, Diego Piris, de que Paraguay tenga sus primeros registros en el ultramaratón. Nos dijo, también, que él podría aportar su experiencia para ayudarnos.

Empezamos a entrenar sobre la base que ya tenía (mis primeras experiencias en el ultratrail) En el año 2017 fuimos en busca de las marcas mínimas para entrar en el listado de selectos ultras del mundo a desafiar el Sparta. Todo se dio en mi primera experiencia en carreras de ultramaratón. Logré la marca de 172kms en el Ultramaratón de 24hs de la ciudad de San Pedro, Argentina y también conseguí una marca de 266km en el Ultramaratón de 48hs de Passa Quatro, Minas Gerais en Brasil. Con esos dos registros el sueño comenzaba a hacerse realidad.

En marzo del 2018 se confirmaba mi participación como primera y única representante del Paraguay, si bien en enero 2018 ya habíamos comenzado el duro entrenamiento, con esta confirmación ya seguimos intensificandolo.

El mes de Setiembre del 2018 es para mí, el mejor mes del año, ya que en ese mismo mes del año 2004 me convertía en mamá  de Ximena, por lo que ahora, Septiembre, tendría aún más significado. Partimos en medio de muchas emociones rumbo a Grecia, llevaba conmigo el sueño de todo corredor amateur, de mi familia, de mis amigos  y sobre todo del OKARUNTEAM que desde que hablamos de esta hazaña nos apoyaron incondicionalmente. Gracias a Dios tuve la posibilidad de llevar como soportes a Fabián y a Diego, los días previos fueron emocionantes, ver llegar a los atletas de todo el mundo, compartir con ellos la ansiedad, con los mexicanos, brasileños y los argentinos, era una fiesta única del mundo del ultramaratón.

La noche de antes me fue muy difícil conciliar el sueño, a las 4:30am sonó el despertador, lo primero que hice fue correr la cortina de la habitación y para mayor ansiedad estaba lloviendo. Llame a mi mamá para despedirme, me preparé y mi corazón se aceleró aún más en el bus rumbo al Acrópolis, donde se iniciaría el viaje sin destino. Fue ahí donde tuve mi mayor conexión con Dios, durante todo el viaje le cantaba canciones para alabarle y entregarle todo.

Los primeros kilómetros me costó concentrarme, en cada CP seguía las instrucciones de carrera de Fabián en cuanto al ritmo y Diego que me iba cantando los tiempos entre cada avituallamiento, atendiendo siempre los tiempos de corte. Fue así que al llegar al maratón pregunté mi tiempo y con lo que Diego me indicó, pude darme cuenta de que iba conforme al plan de carrera. Ahí encontré mi calma y comenzó mi carrera. Todo iba perfecto, físico-cabeza-corazón iban respondiendo hasta el punto de tener 40 minutos de ventaja con relación a los cortes. Pero en estas competencias no siempre es sostenible esos buenos momentos sobre todo en esta edición (con lluvia y tormentas desde el inicio) ya que eran obligatorias las paradas en algunos CP para cambiar la ropa mojada y evitar así la hipotermia. Toda mi ventaja se fue cayendo al punto de que llegue a la base de la montaña tan solo tres minutos antes del cierre. La subida de caracol antes de la base de la montaña había fulminado mi ventaja, ya que la lluvia era cada vez más fuerte y se me hacía muy difícil avanzar.

 Ya en la montaña no tenía grandes planes de carrera, sabía que no  tenía margen, debería subir lo más rápido que pudiera, ese fue mi primer momento de desesperación. No se podía ver absolutamente nada, todo era neblina, lluvia y vientos fuertes, pero más grande fue mi sorpresa cuando llegué a la cima de la montaña; miré mi reloj y vi que había llegado con quince minutos antes del cierre. Eso fue algo increíble para mí, a partir de ahí sólo quería encontrarme con Fabián y Diego para decirles que había logrado sobrepasar ese momento.

El segundo momento de angustia y desesperación se fue dando pasando las veinticuatro horas de competencia, donde además del cansancio, el sueño y las descompensaciones estomacales, se sumó el tifón Zorfa, con vientos que superaban los 100km/h lo que me dificultaba avanzar o simplemente caminar. La peor parte fue en el CP 69 donde ví a Diego gritarme que “acelere” porque faltaban tres minutos para el cierre. A partir de ahí fue todo una supervivencia, mi cabeza se iba rindiendo, ya iba planeando el fracaso de no lograrlo, preguntando a Dios “porque me trajiste tan lejos para fracasar, decime cuál es tu plan perfecto?” pensaba en mi familia, en mis amigos, en mi país no quería fallarles.

En ese momento de mayor bajón, escucho que Diego me grita desde el auto “Reza Kari, reza” (dentro de nuestra planificación, habíamos incluido las oraciones para estos momentos de bajón) En este tipo de competencias es impredecible saber cómo el cuerpo va ir reaccionando a las horas, pero milagrosamente mi cuerpo seguía avanzando y encontré a un compañero que se unió a la lucha, el francés William Guillot. No teníamos el mismo idioma pero si el mismo sentir, llegar a los pies de Leónidas! Ya entrando en Sparta la crisis mental había pasado y tan solo faltaban aproximadamente veinte kilómetros. Fabián me había indicado que lo peor ya había pasado y que a partir de ahí era todo bajadas, mientras Diego me decía: “la única medalla que te falta es esta y ya la tenés cerca”.

A partir de ahí comencé a correr por mi vida, increíblemente mi cuerpo estaba entero, salvo las molestias del cansancio. Me sentía entera y con todo el corazón encendido, quería darle la alegría a mi país Paraguay  y la posibilidad de que también pueda estar entre los grandes guerreros de Leónidas.

Fue así que en medio de tanto sacrificio, sufrimiento, desesperación y alegrías iba visualizando la estatua de Leónidas y sobre todo la bandera de mí quiero Paraguay.

Llegué, besé sus pies y celebré ese momento de gloria con MI GRAN EQUIPO DE TRABAJO: Fabián, Diego y todos los que oraron por mí. También celebré, que a pesar de todo, nunca me rendí.

Hoy puedo decir que toda mi vida cambió en dos años, que correr ultramaratones transformó mi vida. No sólo sumando kilómetros, sino en la forma de encarar la vida ante una situación difícil. El Spartathlon me hizo revivir y sólo tengo palabras de agradecimiento, primero a Dios porque para mí todas las competencias del ultramaratón son un encuentro con él. A Fabián Duarte por haberme elegido, no siendo su compatriota, por haberme preparado no sólo físicamente sino espiritualmente. A Diego Piris que me acompaño en todo el tiempo de preparación, a mi familia, a mi hija, a mi equipo OKARUNTEAM, a todos los corredores y amigos que creyeron en mi sueño difícil. A los ultras y amigos argentinos que me apoyaron con sus experiencias, a los ultras mexicanos con quienes compartimos los mejores momentos. A las empresas privadas y al Presidente Mario Abdo junto con su señora la Primera Dama Silvana Abdo que me ayudaron a costear gran parte del viaje a Grecia, sumándose así al proyecto.

Por último decirles que no puedo dejar de pensar que volveré a estar en la línea de largada del viaje sin destino, esperando que Leónidas no sea tan exigente como en esta 36° edición.

Gracias!!!

SPARTATHLETA GUARANI.

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SPARTATHLON 2018 – DIEGO ROJO GARRIDO

11 octubre, 2018

Diego se presentó en la linea de partida del Spartathlon por primera vez y por esas cosas del destino le ha tocado vivir una de las peores ediciones de la historia, sino la peor. Lluvias durante, prácticamente, toda la carrera, tormentas terribles y vientos huracanados. Una estampa apocalíptica que solamente los más fuertes, de cuerpo y mente, pudieron vencer. Diego Rojo Garrido estuvo en ese selecto grupo de vencedores que lograron, a pesar de todo, llegar hasta los pies de Leónidas.

Una gesta digna de los héroes de la Grecia antigua que en espiritulibre nunca olvidaremos.

 

Aquí su historia:

 

 

“SIGUE NADANDO, SIGUE NADANDO (“Dori” en “Nemo”), O LA SUPUESTA SOLEDAD DEL CORREDOR DE FONDO…”

 

Mucho se ha hablado de la soledad del corredor de fondo y, por extensión, de ultrafondo. Aunque yo me he sentido así en numerosas ocasiones, tanto entrenando como compitiendo, la preparación y la disputa del Spartathlon 2018, ha marcado un antes y un después como corredor popular y como persona.

Los días previos a la prueba, bromeaba con la frase de la compañera azul de Nemo, la “pez cirujano” Dori. El día antes de la prueba, recibí un mensaje de ánimo de mi mujer y de mi hija,  con el famoso “Sigue Nadando” que encabeza este texto, y que me hizo mucha gracia, sin saber que se repetiría en mi cabeza como un mantra durante los momentos más duros del recorrido.

La verdad es que el detalle vino que ni pintado para la ocasión, porque la carrera de este año estuvo marcada por el ciclón Zorba, bajo el cual tuvimos que correr, con rachas de viento que superaron ampliamente los 100 km/h, lluvias torrenciales, tormenta con aparato eléctrico, granizo, barro y desbordamientos en la calzada, con el agua en ocasiones por encima del tobillo, objetos diversos volando, árboles y paneles arrancados de cuajo, y otras dificultades que añadían dureza extra al hecho de tener que recorrer los 246km de la prueba en menos de 36 horas. Como navegante y como montañero he estado en numerosas ocasiones expuesto a condiciones climáticas adversas y frío extremo, pero nunca en una situación de agotamiento tal como la vivida este último fin de semana de septiembre en Grecia.

Los primeros kms hasta Corinto, relativamente planos, se sucedieron de manera más o menos tranquila, y con casi hora y media de adelanto sobre los tiempos de corte, en gran medida gracias a la compañía de Juan Andrés Camacho. Me encontré con él poco después de la salida, al pie de la Acrópolis,  y lo dejé ir alrededor del 60-70, por ser su ritmo superior al que yo podía mantener con comodidad, y por reservar fuerzas para lo que vendría más adelante. Estuvimos corriendo bajo una lluvia suave, que acabó empapándonos, pero la sensación térmica era relativamente agradable.

En Corinto, en el control 22 (km 81), me esperaba mi hermana Maite, mi ángel de la guarda particular, sin el apoyo de la cual dudo que hubiese sido capaz de terminar en tiempo. Allí, como la climatología comenzaba a complicarse, me ayudó a cambiarme de ropa por primera vez, me dio un masaje con aceite térmico para calentar un poco los cuádriceps, que comenzaban a estar doloridos, y comí sentado por primera vez desde la salida. La vuelta al ruedo fue de lo más desesperanzadora, ya que en los primeros metros no era capaz de correr, y tuve que caminar 3 o 4  minutos hasta que volví a entrar en calor y pude trotar nuevamente. Por delante me quedaban ni más ni menos que los 165 kms más duros de toda mi vida. No obstante, a partir de este punto los tiempos de corte se suavizan, por lo que a pesar de lo anterior pude ir aumentando paulatinamente mi margen sobre ellos, hasta algo más de dos horas, que fue lo que me salvó en el último cuarto de carrera, donde iba realmente fundido.

Todos los relatos de corredores coinciden en que a partir de aquí lo normal es caminar cuesta arriba y correr en llano y cuesta abajo, aunque lo cierto es que donde podía correr lo hacía, incluso en las cuestas arriba suaves, con el afán de “guardar minutos” para cuando me viniera abajo, porque en una carrera como esta nadie te salva de venirte arriba y abajo unas cuantas veces.

A partir de entonces, y antes de la llegada de la noche, se desató el infierno. Comenzaron las lluvias torrenciales, el frío por el viento intenso, los pies permanentemente empapados al cruzar las numerosas balsas de agua, y la organización desbordada en algunos controles, donde no había agua caliente para poder tomar una sopa o un té que te reconfortaran por dentro, ya que por fuera no había nada que hacer. Decido entonces abrigarme completamente antes de lo previsto, cambio de zapatillas incluido, en previsión de la entrada en la zona de montaña, en el control 43 (km 148), al que llegué en torno a las 01:00, con unas 2h10´de adelanto sobre el tiempo de cierre. Como no había nada caliente que tomar en el avituallamiento, y el estómago me empezaba a dar problemas por el frío, decidimos meternos dentro de un bar y comer algo a cubierto mientras mi hermana, siempre atenta a mis necesidades, me ayudaba a cambiarme. Salí de allí enfundado en 4 capas, con zapatillas secas, un número más grandes en previsión del edema, y con energías renovadas aunque, como en Corinto, sin poder correr hasta unos minutos más adelante, y con amenaza de tiritona imparable por el choque térmico al salir del calor a la tormenta, mi mayor miedo toda la noche.

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MI HISTORIA EN EL SPARTATHLON – FABIAN ALBERTO DUARTE

24 septiembre, 2017
Fabian Alberto Duarte, es un conocido ultrafondista argentino con un gran curriculum de carreras y resultados. El «yaca» como lo llaman sus amigos, es también el precursor de impulsar y organizar carreras de ultrafondo en Formosa, su provincia natal en el norte de Argentina. Desde espiritulibre sabemos, de primera mano, que Fabian es una gran persona y con un gran corazón; por eso nos alegramos enormemente de que se haya decidido a compartir su historia con nosotros y con todos ustedes. 
Esta es su historia: 

 

 

 

Por: Fabian Alberto Duarte

 

De  Formosa a los Pies de Leonidas.

 

A partir de mi primer Spartathlon, septiembre es el mes que más me motiva  a seguir corriendo y soñando .

 

Tuve la suerte o mala suerte, tal vez, de estar de los dos lados de esta carrera, del lado de la derrota y del lado de la gloria. Pero mi vida siempre fue así, ya que hubo acontecimientos que de una u otra manera me marcaron. Algunos mas fuerte y más duros, que parecieron verdaderas derrotas y otros, muchos, especiales que fueron verdaderos momentos de gloria.

 

Spartathlon 2012

 

En Septiembre de 2012  fui por primera vez al Spartathlon, comencé a entrenar el 1 de enero de ese año con la ayuda de un veterano del ultramaratón en Argentina, Gerardo Re, quien ya había conseguido completar el Spartathlon en dos oportunidades. Gerardo desde el principio me tuvo paciencia, no era fácil entrenar aquí en Formosa estando completamente solo, ya que prácticamente nadie sabía que eran las carreras de ultramaraton y menos aún de algo tan loco como una carrera de 246km en Grecia.

Que puedo decir, que comencé a entrenar estando solo, pero la verdad con mucha imaginación e ilusión, cosas que con el paso de los días y entrenamientos ya se iban transformando en un gran sueño! Siempre fui soñador rescato eso de mí y eso es, justamente, lo que me daba la fuerza para levantarme todos los días para entrenar. Pasaban las semanas y los kilómetros se iban acumulando, recuerdo que en algunas semanas llegué a los 200km.

El tiempo pasó, los días, los meses y llegó el momento de volar a Grecia, con los entrenamientos y el trabajo hecho. Una vez bajado del avión, todo era como estar en las nubes. En ese momento recordé una frase que me había dicho Mercedes Acuña, hacia algunos años atrás, cuando le comente mi idea de ir al Spartathlon, ella me dijo: «Fabian imagínate, de Formosa al Partenon!». Pasaron los años y esa frase se hizo realidad. Gracias a dios, desde el primer momento en que decidí comenzar a entrenar para esta mítica carrera, lo único que recibí fueron palabras de aliento.

Pero lamentablemente, la nube en la que estaba subido desde que bajé del avión, estaba a punto de evaporarse y la caída iba a ser muy dura.

Al llegar al hotel en Glyfada en Atenas, me avisan de que tengo un hematoma en la parte posterior de la pierna izquierda. Cuando me mire la pierna casi me desmayo, no lo podía creer, después de tantos meses entrenando, tanto sacrificio y tanta expectativa, me pasaba esto. El dolor no era solamente mío, sino pensar en mi familia, mis amigos,  en todos los que me habían apoyado durante todo este proceso. Mi cabeza iba a mil por hora hasta que logré ver a uno de los doctores de la carrera, no tenía ni idea de lo que había pasado con mi pierna. El diagnóstico fue, examinado muy por encima, una pequeña trombosis. Lo único que hacía era pasarme horas en el mar para que se me bajara la inflamación.

Llegó el famoso último viernes de septiembre y sabía que tenía lesionada la pierna pero no el corazón. Esa mañana del viernes a las cinco de la madrugada me encontró despierto y cambiándome para esperar el autobús que nos llevaría hasta la Acrópolis. En mi cabeza no cabía la idea de quedarme en el hotel solo mientras todos se iban a cumplir sus sueños. No me arrepiento de la decisión, estaba lesionado y lo sabia, pero estar en la largada del mítico Spartathlon es algo único y no me lo iba a perder. La carrera largó y yo lesionado, también salí a correr, en un pequeño rincón de mi cabeza pensaba en que tal vez, por algún milagro podría terminarla.

El milagro no sucedió y en el kilómetro setenta, con una sola pierna mi sueño se terminó. Se terminaba mi primer Spartathlon y lo único en lo que podía pensar era: «Por favor, que no haya nadie en casa cuando llegué», la frustración y decepción eran tan grandes que no quería que nadie me viera al volver. Por suerte, eso sí me salió bien, volví a Formosa, entre en mi casa y no había nadie. Dejé las valijas en el suelo, me senté en la cama y me puse a llorar.

Spartathlon 2013

Las heridas del año pasado iban cicatrizando y por el mes de Enero, el «titán» Martín Córdoba me animaba a que envíe nuevamente la inscripción para el Spartathlon. Todavía me servía la marca de los 330.400km que había realizado en las 48hs de Buenos Aires del 2011. Y así fue que a principios del 2013 comenzaba nuevamente a entrenar, con la misma o más ilusión que en 2012, pensando otra vez en esos entrenamientos semanales de 150km/200km. Siempre con el titán Martín Córdoba apoyándome y dándome fuerzas para que fuera y lo intentara de nuevo. Hasta Tucumán me fui a verlo y así poder entrenar juntos, también pasé algún tiempo entrenando por las cuestas de Apóstoles, en Misiones. No quería  dejar nada al azar, ya conocía lo dura que era la carrera y sus interminables subidas y bajadas.

Pasaron, una vez más, los meses y los entrenamientos, otra vez a volar a Grecia, otra vez en las nubes, hasta llegar a ese famoso último viernes de septiembre!

Este, sin dudas, era un año diferente, nunca hubo tantos argentinos en toda la historia de la carrera en la linea de partida, estaban: German Cordisco, Ricardo Rojas, Dario Arauz, Hector Bengolea, Nicolas Kierdelewicz, Gerardo Re, Martín Córdoba y yo. Puedo decir con orgullo que formé parte de la primera Legión Argentina en el Spartathlon!

La Legión 2013, más Franky Val de México. 
Con Gerardo Re, antes de la largada.
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La carrera comenzó y si bien al principio íbamos todos juntos, yo ya me había acomodado a la par de Martín, con quien habíamos compartido un maratón y varios entrenamientos; sabía que era buena compañía. Así fuimos hasta Kineta, en el kilómetro cincuenta y cinco, a partir de allí, Martín se fue un poco más adelante y yo seguí a mi ritmo detrás de él hasta Theodori, en el kilómetro sesenta y cinco. A partir de ahí comencé a correr mi propia carrera, de un checkpoint a otro, ya que Martín se había adelantado mucho y yo había quedado completamente solo. Trate de controlar mi objetivo principal y no salirme de él, simplemente intentaba llegar al próximo CP. Descontando algunos minutos entre cada corte.

Los primeros kilómetros junto a Martín y Leo. 
 Así llegué a Corinto, en el kilómetro ochenta, con cuarenta minutos a mi favor, aunque no era lo pensado por que la idea era llegar ahí con una hora de sobra, pero me fue imposible conseguir esa diferencia. En ese CP ya estaba Ignacio Galan, un amigo español de Nicolas que me hacía de soporte y traductor, el me aconsejo que me hiciera unos masajes. Después me comí un plato de pasta y a salir a la ruta nuevamente en busca del próximo CP. Así pasaron los kilómetros y los checkpoints, uno detrás del otro hasta llegar a Soulinari, en el kilómetro ciento diez, donde empiezo a darme cuenta de que estoy pasando mucho frío y justo ahí recuerdo que mi rompe viento está en el CP de Nemea, cinco kilómetros más adelante y no tenia nada con que abrigarme. Por suerte allí en Soulinari estaba Patricia Scalise y Marta, la esposa de Martín. Al verlas les digo que venía pasando mucho frío y que no tenía mi rompe viento. Ahí mismo Marta se quitó su abrigo y me lo dio, mientras yo comía y bebía algo en el avituallamiento. Patricia fue hasta su auto, trajo su maleta y busco entre su ropa una camiseta térmica de mangas largas y me la dio; puedo asegurar que encontrarlas allí y recibir su ayuda en ese momento me salvo la vida.
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Con Patricia Scalise, asistencia de lujo. 
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Seguí mi camino, ya más abrigado y pase por la ciudad de Nemea, en el kilómetro ciento cinco. A los pocos kilómetros de Nemea se encontraba la ciudad de Lirkia, donde me vuelvo a encontrar con Martín, que se sentía un poco descompuesto. Decidí parar un momento a hablar con él y hacerle compañía hasta que se recuperara pero me dijo: «Anda Yaca, que yo ya sigo en un rato».

Ya en la base del Monte Partenio me encuentro con el gran Leo Bugge, tomamos un poco de caldo y me dice: «Vamos que esto es una gran aventura!» Y acto seguido comenzamos a subir. Mientras subíamos pensaba: «Por dios, la cima no llega más!», en ese momento mi cintura me dolía muchísimo, sentía que me dormía del cansancio mientras caminaba y la cima no llegaba más. Pero finalmente y casi de repente me encuentro con un checkpoint, me sientan, me abrigan con una manta y me dan algo de tomar, al día de hoy no recuerdo si era sopa o café, pero algo tomé, de eso estoy seguro, creo.

En ese CP y a esa altura de la carrera el frío era mucho, comencé a descender solo y un poco más aliviado por dejar el monte detrás, pero el alivio desapareció cuando comencé a escuchar unos rugidos de leones en medio de la noche; claramente estaba alucinando. Los rugidos parecían tan reales y los sentía tan cerca mío que no quería dejar de correr, que desesperación estar corriendo en el medio de la nada con esos rugidos retumbando entre las montañas. Al día de hoy, cada vez que recuerdo esas alucinaciones, para mí tan reales, se me caen lágrimas. Que chiquito me sentía entre semejantes montañas y rodeado de leones.

Por suerte llegué a Nestani, en el kilómetro ciento sesenta y ocho, con el amanecer de un nuevo día y siguiendo mi plan de ir de CP a CP hasta Esparta. Nuevamente lo alcanzo a Martín, que me había pasado anteriormente  y comenzamos  a correr juntos, alentándonos y ayudándonos. Llegamos juntos a Tegea, en el kilómetro ciento noventa y cinco, donde vemos a Gerardo (se había retirado de la carrera por problema estomacales), también estaban Katy y Marta. Nos dieron alimentos y bebidas ya que era una subestación y podían asistirnos, verlos a todos fue, sin dudas, un alivio, también era señal de que estábamos cada vez más cerca de llegar. Pero para Martín, más que un alivio fue un disparo de adrenalina ya que después de ver a su mujer Marta, salió como un misil, verlo fue algo increíble que nunca podré explicar. Otra vez me dejó atrás y yo ya estaba dispuesto a seguirlo cuando Gerardo, siempre astuto e inteligente, me dice: «Yaca, te toca una subida muy larga, encara tranquilo que arriba te espero con un sándwich de jamón crudo» Así que pensando en su promesa le hice caso, llegue al final de la subida y don Gerardo Re, ni en figurita estaba, me había dejado plantado! Todavía no sé si fue una estrategia o si se olvidó de su promesa. La cuestión es que me hizo correr esa subida por un sándwich y al final me dejó sin nada. Igualmente debo decir que ya al llegar al kilómetro doscientos dieciocho, si estaba Gerardo y esperándome con un helado! (Pocos son los que conocen las necesidades de un corredor en condiciones extremas y él como siempre, ocupándose de los amigos y ayudándonos para que lográramos lo que él ya había logrado…y dos veces!).

En ese momento Gerardo me dice cuántos kilómetros me quedaban para Esparta y a cuanto debía correr el kilómetro para entrar en tiempo, cosa que me dio un poco de tranquilidad, ya que en números y teoría sabía que llegaría. Aunque también sabía que no estaba todo dicho hasta que entrara a la ciudad de Esparta, pero una vez que pisé sus calles y vi la gente que salia a saludar, los plausos a cada corredor, los gritos, las motos y autos que saludaban con sus bocinas, sabia que llegaría. Cuanta emoción, todo ese ambiente ya comenzaba a invadir mi humanidad, pero yo sentía que todavía  me faltaba algo, me faltaba llegar a la avenida principal. Unos chicos en bicicleta me empezaron a seguir y yo lo único que les preguntaba, sin parar, era: «Por donde está la avenida, por donde está la avenida?!» casi entrando en desesperación.

Buscaba y buscaba esa famosa avenida llena de banderas de todos los países presentes y de repente allí estaba, la veía frente a mis ojos. A poco menos de doscientos metros alguien me da una bandera de Argentina, iba con la mirada perdida aunque entre la gente me pareció ver a Natalia Delfor, a Hector y a German. Pero cuando vi la imponente estatua de Leónidas, todo lo demás desapareció, mis ojos ya solo veían esas sandalias. Y así, entre gritos de «Vamos Fabi lo lograste!» llegué y toqué los pies de Leónidas; se me vienen mil cosas a la cabeza, tantas emociones, el haber logrado algo que tanto quería, el recordar a mi madre que en vida se alegraba de que corriera, pero a la vez se enojaba porque nunca me podía alcanzar para pegarme, vivía portándome mal. Recordar a mi padre, que sufría porque sabía que iba a correr tantos kilómetros. Y sobre todo, el recordar a mi familia, que estaba tan lejos mientras yo recibía la corona por haber logrado terminar el mítico Spartathlon.

Hoy tan solo me queda agradecer a mi familia y a mis amigos que siempre me ayudaron a cumplir mis sueños. También retribuir lo que hicieron conmigo ayudando a todos aquellos corredores que hoy quieren llegar  cumplir su sueño de llegar desde Atenas hasta Esparta. Por mi parte, no dejo de pensar en que algún día volveré!

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Mi Comrades Marathon 2017 – Santiago Trull

21 junio, 2017

Hay carreras con paisajes increíbles, otras con miles y miles de personas alentando, las hay con una gran historia y tradición, unas pocas tienen un espíritu y una mística poderosa, algunas son durísimas y exigentes. Comrades Marathon lo tiene todo y por eso es considerada por muchos como la mejor carrera del mundo. “Zinikele” el slogan del 2017, cuya traducción sería “te exige todo de ti”, sintetiza lo que esta prueba impone a los que se atreven a correrla.

La Maratón Comrades (Camaradas) es una ultramaratón de aproximadamente 89 km que se corre en la provincia de KwaZulu-Natal en Sudáfrica entre las ciudades de Durban y Pietermaritzburg. Es la ultramaratón más antigua y numerosa del mundo. El sentido de la carrera cambia cada año entre la «up run» (87 km) que parte de Durban y la «down run» (89 km) que tiene la salida en Pietermaritzburg. El trazado pasa por 5 colinas que van marcando el recorrido: Cowies Hill, Field’s Hill, Botha’s Hill, Inchanga y Polly Shortts. El límite de tiempo para completarla es de 12 horas. La carrera fue la idea del veterano de la primera guerra mundial, Vic Clapham, para conmemorar a los soldados sudafricanos caídos durante la guerra. Desde el año 1921, en la que participaron 48 atletas, hasta la actualidad con casi 20.000 inscriptos, el espíritu de esta carrera permanece intacto: camaradería, desinterés, dedicación, perseverancia y humanidad.

 

Por: Santiago Trull

 

Oí hablar por primera vez de ella cuando Javier Frega, una de las personas con más maratones corridos por todo el mundo, la describió como la mejor carrera en la que había participado, incluso por encima de los famosos Majors. En ese instante una semilla se sembró, comencé a investigar y leer más y más sobre esta misteriosa y épica carrera. Finalmente, varios años después y recuperado de una cirugía de cadera decidí inscribirme a último momento ya que el mismísimo Javier y otros 4 argentinos iban a participar. Luego de 5 meses de duro entrenamiento y mucho sacrificio personal y familar estábamos los cinco (Javier, Gastón, Migue, Mariano y Yo) en la línea de partida para enfrentarnos a este monstruo.  Eran casi las 5:30 am del Domingo 4 de Junio, todavía de noche, cuando comenzó a sonar el himno sudafricano, luego entonaron entre todos un canto tradicional Zulú llamado “Shosholoza”, finalmente la canción de Carrozas de Fuego sonó a todo volumen por los parlantes. Lágrimas y aplausos brotaban sin parar. Con el famoso y característico grito del gallo se dio inicio a la edición nº 92 del Comrades Marathon.

Esta prueba más que una carrera es un viaje personal, una suerte de peregrinación en la que cada uno de los atletas se enfrenta a sus miedos y debilidades. Necesariamente te obliga a escarbar en lo más profundo de tu ser hasta descubrir fortalezas y energías que no sabías que existían. Es un camino que al final del día te convierte en una persona distinta, un “camarada”.

Mi plan de carrera optimista era intentar bajar las 7 horas y 30 minutos, que es el corte para las “Silver” Medals (La carrera entrega seis tipos de medallas distintas según el tiempo de llegada, estas son: Gold (10 primeros); Wally Hayward (sub 6 hs); Silver (sub 7.30 hs); Bill Rowan (sub 9 hs); Bronze (sub 11); Vic Clapham (sub 12)). Salimos con Gastón y Mariano los tres al mismo ritmo planificado. Desde el inicio la primera mitad de la carrera es mayormente en subida con lo cual hay que cuidarse mucho para tener resto suficiente para afrontar la segunda parte.

Cerca del km 15 llegamos a “Cowies Hill”, la primera gran colina, de un poco más de 2km de longitud. Por ahora casi todos la suben corriendo ya que al principio todo parece relativamente fácil. Al ser de noche todavía y con tanta gente nos dispersamos y cada uno hace su carrera en solitario. Cada 2km aproximadamente hay puestos de hidratación muy surtidos con lo cual los atletas van preparándose para el calor y el sol que empieza a asomar lentamente.

Algo más adelante nos enfrentamos a la segunda de las Big Five y la más larga de todas, “Fields Hill” con unos 3200 metros de largo. Todavía con las piernas bastante frescas la ascendimos sin mayores problemas. Aquí ya algunos corredores optan por caminarla, en parte porque saben lo mucho que queda por delante. Mientras corro voy mirando los dorsales de otros atletas. Cada uno lleva impreso su nombre, la cantidad de veces que completó la carrera y el corral en el cual clasificó. A su vez hay colores que los identifican: celeste para los internacionales, blancos para los locales, el tan preciado verde para los “Green Number” (aquellos que hayan completado más de 10 ediciones) y finalmente el amarillo para aquellos que con 9 carreras van a por el “Green”.  El mío sencillamente era celeste y decía 0 – A – Santiago, lo cual me convertía en uno de los tantos “Novice” (novatos). Con este sencillo pero brillante recurso uno podía ver que el corredor de al lado tenía unas 26 Comrades corridas lo cual lo convertía públicamente en un experto y experimentado camarada.

Llegando al km 36 y ya con cierta fatiga acumulada comenzamos a ascender la tercera gran colina “Bothas Hill”.  Ahora son cada vez más lo que caminan las subidas, yo opto por seguir corriendo a un ritmo controlado. Mirando cada tanto el reloj veo que ya tenía una maratón completa en las piernas y para mantener el ritmo planificado el cuerpo ya comenzaba a sentir las consecuencias de correr casi 42km en subida. Sin darme cuenta pasamos por el “Wall of Honour”, un sitio al costado de la ruta con placas conmemorativas de corredores. Unos pocos metros más adelante también paso sin notarlo el “Arthur´s Seat”, una suerte de banco en la roca en la cual se habría sentado a descansar unos minutos el legendario Arthur Newton, cinco veces ganador de la prueba allá por el año 1922. La tradición indica que los corredores que pasan le ofrecen una flor para tener suerte en la segunda mitad de la prueba. Lamentablemente vengo tan concentrado y cansado que ni me doy cuenta y paso de largo, mala suerte?

Al pasar por Drummond atravesamos el Halfway Mark, la mitad de la prueba aproximadamente, chequeo mi reloj y el parcial indica que sigo en el ritmo adecuado. Durante toda la carrera la cantidad de público alentando es incesante y al leer tu dorsal gritan tu nombre. Sin imaginármelo acerté en correr con una remera que decía Argentina, ya que durante todo el día el público me hizo sentir especial, un “Puma”, un “Jaguar”, incluso un sorpresivo ¡vamos Argentina carajo! de algún compatriota exiliado.

Luego de pasar uno de los sectores con más público, en donde la adrenalina sube fácilmente, me enfrento con la cuarta y temida colina “Inchanga”. Solo el nombre intimida a la mayoría, si a eso le agregamos que con casi 50 km en las piernas nos toca subir la colina con mayor pendiente, esto se convierte en un obstáculo decisivo. Se dice que quien llega entero a su cima tiene gran parte de la carrera asegurada. Lamentablemente son casi inexistentes los que llegan sin sufrir hasta este punto y yo no soy la excepción. Mantengo firme mi promesa de no caminar, pero el ritmo empieza a costar cada vez más. Comienzan a aparecer los demonios de la duda y el miedo. Como otras tantas veces intento darles pelea. Mientras me cuesta subir cada vez más intento recuperar el tiempo perdido apurando en las bajadas, pero como todo corredor bien sabe, finalmente son los descensos los que terminan de nockear a un corredor. El impacto al bajar es varias veces mayor y a la larga el efecto es devastador, muchos corredores llegan al punto sin retorno de no poder siquiera caminar.

Llegando al km 60 pasamos por “Harrison Flats” y luego “Cato Ridge” que, a pesar de no ser grandes colinas, son de los tramos más duros, el andar se hace más solitario y el termómetro ya marca unos 27 grados. Tras pasar por “Camperdown” llegamos al punto más alto del recorrido a unos 830 metros sobre el nivel del mar, desde donde partimos unos 68 km atrás. Con el cuerpo ya totalmente extenuado comienzan a aparecer calambres en el pecho, el abdomen e incluso el cuello. Desesperadamente todos los corredores nos hidratamos en cada puesto con agua, bebidas energéticas y sobre todo la preciada Coca Cola, gran aliada de los ultrafondistas. Este shock de azúcar sirve apenas para mantenerse en pie. La gran mayoría de atletas paran para recibir masajes exprés gracias a la ayuda de miles de voluntarios. Obviamente no soy la excepción y decido parar una única vez en boxes para tratarme el gemelo izquierdo que tengo contracturado desde el inicio. En menos de 30 segundos continuo con mi calvario. Ya sin energías veo que mi objetivo se escapa y necesito de otro elemento motivador para no caer en un pozo del que difícilmente podría salir. Me propongo no caminar ni un solo metro hasta el final, aunque tuviese que correr mucho más lento.

El desafío era realmente difícil, faltando solo 12 km me enfrentaba a la última y más temida colina “Polly Shortts”. Casi todos los atletas, e incluso algunos profesionales, se ven obligados a caminar en Polly`s. También la historia dice que el primer corredor en llegar su cima termina siendo el ganador, aunque todavía queden unos 8 km hasta la meta. Empiezo a subir corriendo la temida colina ya no con el cuerpo sino con la cabeza. Aunque voy a un ritmo increíblemente lento soy uno de los pocos que no camina y esto me hace avanzar superando a decenas de corredores. Miro el pulsómetro y veo que voy a 170 de pulso, siento que estoy en el instante más agónico de toda mi carrera deportiva, en realidad ya había atravesado mi umbral unos 30 km atrás, ahora estaba sencillamente intentando salir de este infierno, y subir era la única salida.

Cuando el físico ya no responde la única herramienta disponible es la cabeza, y en cuanto esta se rinde el desenlace final es el abandono. Tras una batalla mental contra Polly´s logro, no sé cómo, llegar a su cima. Finalmente había vencido al monstruo y la emoción aplacó al sufrimiento por unos instantes. El último tramo de la carrera con el público alentando y apoyando a cada corredor se hace algo más llevadero, aunque no es momento de relajarse del todo. Corro estos últimos kilómetros mucho más rápido, pero sé que no llegaré a la “Silver”. A esta altura empiezo a agradecerle al público su incondicional apoyo durante toda la jornada y les devuelvo el aplauso. Esto hace que me alienten aún más.

Paso el cartel que anuncia que queda solo un km y me veo participando en una imagen que había visto cientos de veces, gladiadores agónicos luchando para llegar a la meta en el último tramo conocido como “Toyota Mile”. Finalmente, el asfalto desaparece por primera vez y los pies se sientes extraños al pisar el césped. La gente alienta sin parar a ambos lados. Cambio la trayectoria de mis piernas y voy hacia un lateral a tocar las manos del público. Ahora a escasos metros veo el cartel de la meta y la emoción comienza a aflorar. Solo pienso en dejar de correr. Cruzo el arco de llegada y lo primero que necesito hacer es mirar al cielo y decir: esta es para vos viejo. Extenuado y después de 7 horas y 41 minutos apago la luz.

Luego de transitar cada uno su calvario personal los cinco argentinos pudimos festejar en la carpa de atletas internacionales. Éramos todos finishers y dos de nosotros nos recibíamos por fin de camaradas. Con la medalla más pequeña pero más valiosa de nuestro arsenal estábamos todos felices y ya bromeábamos con el “back to back”, una medalla especial para aquellos novatos que completan ambas ediciones Up y Down de forma consecutiva.

Haber participado de la mejor carrera del mundo fue una experiencia increíble, las marcas y medallas probablemente a la larga queden en algún cajón de recuerdos, pero la vivencia que tuvimos los cinco no se borrará jamás.

 

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SPARTATHLON 2016 – DAVID FERRANDEZ

26 marzo, 2017

David Ferrandez es un atleta catalán al que tranquilamente podríamos llamar un todoterreno, ha corrido carreras de asfalto en casi todas las distancias posibles, desde 10km hasta 100km, ha corrido en carreras de cross-country, ha corrido ultras de todos los tipos y colores, desde las 6hs hasta las 24hs, ha hecho triatlones, ha participado en competiciones de natación, ha realizado travesias en bicicleta, corrido carreras de ultra-trail y la lista sigue y sigue. Un lista que incluye  grandes carreras como: La Ultra Trail de l’Emmona, la Transvulcania, los Monegros Desert Marathon, Trail Menorca – Cami de Cavalls (TMCDC), 100 km Internacionales de Cantabria, Les 24 hores pista TV3 Barcelona, Subida al Pico Veleta 50 km y por supuesto…..el Spartathlon!

Este 2017 David volverá a pisar Atenas, una vez más y por segundo año consecutivo, para vivir lo que aquí debajo nos cuenta con tanto corazón y pasión, que sin dudas, nos pondrá la piel de gallina. Desde espiritulibre hacemos una reverencia ante este gran atleta y le deseamos toda la suerte del mundo para este 2017!

 

Por: David Ferrandez

 

Muchos kilómetros y horas de entreno, muchas horas de correr y correr, con calor, cansado, día tras día, mucha ilusión en un sólo proyecto, la Spartathlon me había absorbido completamente.

No había día que no visualizara mi llegada a Esparta, cada día, sin tregua.

Cada día recorriendo las carreteras griegas con la imaginación, lentamente, soñando el momento de poder por fin correr como Filípides y llegar a los pies de Leónidas y formar parte de la historia misma.

La última semana antes de partir, pasé un resfriado que me dejó muy débil y sin energía, más que nada fue mental, porque el entrenamiento ya estaba hecho, o por lo menos, yo creía que estaba hecho. O puede que no.
Estos últimos días todo eran dudas, me daba miedo no estar a la altura de un evento de tal magnitud, pero tampoco tenía a quien recurrir, eché de menos la figura de un entrenador o de un coach o alguien que me garantiza el éxito, pero esto no existe, ya lo sé, sólo contaba con mis recursos como corredor y como persona. Todo el mundo me animaba y me deseaba suerte y yo por dentro pensaba en lo acojonado que llegaba a estar…

Y por fin llegó el día, no me lo podía creer, estaba en la línea de salida de la Spartathlon, la carrera que había soñada durante años. Aquella noche dormí poco y mal, como siempre los nervios me traicionaron. Llevaba dos días en Grecia, respirando y viviendo el ambiente de esta gran carrera, haciendo los preparativos, compartiendo con otros corredores impresiones y estrategias de carrera. Había corredores que lo llevaban todo bajo control: los puntos kilométricos, avituallamientos, tiempo de corte, desniveles… todo controlado. Y yo que casi no me lo había mirado …

Yo soy de los que se deja sorprender, sólo sabía que la carrera eran 246 km y con una subida de mil metros en el kilómetro ciento y pico más o menos y poco más, soy un desastre en ese aspecto.  Correr al fin y al cabo es un acto emocional y las matemáticas no son mi fuerte. Todo el tema logístico lo dejé en manos de mis ayudantes, Mia y Lidia, que hicieron un trabajo excepcional.

Yo sólo sabía que estaba dispuesto a darlo todo, me dejaría la piel. Correría hasta que no pudiera más, controlando el ritmo y hasta donde llegara, y un poco más y quizás más allá y quizás incluso, mucho más allá, donde nunca  he estado…

Salida, con la acropolis al fondo.

La salida desde la Acrópolis de Atenas es espectacular, cientos de corredores de todo el mundo dándose ánimos, haciéndose fotos y deseándose suerte. Yo no soy muy dado a todas estas cosas, más bien me da por concentrarme conmigo mismo, mirando en mi interior e intentando aislarme un poco de todo, puedo parecer hosco y distante pero necesito hacerlo así, cuestión de carácter…

Por fin salimos. Son las siete de la mañana y todavía es de noche, me encuentro muy bien, me ha pasado el dolor de cabeza de estos últimos días y todas las molestias musculares y articulares han desaparecido. Me siento muy extraño, parece que tenga que hacer algo muy excepcional  o diferente, pero al final lo único que tengo que hacer es correr. Correr y nada más y de eso ya sé, ya lo creo…
Me dejo llevar y empiezo a disfrutar, todos estos meses de preparación, todos los nervios y tensiones por fin desaparecen y fluyo, floto, casi como volar. Sé que vendrán momentos muy duros y que será muy largo, pero ahora mismo no quiero pensar.

Los primeros kilómetros los hago con Jordi, un gran corredor que hace poco terminó una carrera que atraviesa todo el Pirineo, vamos hablando todo el rato de sus aventuras y me pasa el tiempo muy rápido, el ritmo es muy cómodo y aunque sé que falta muchísimo a mí me parece que vamos muy lentos. Hacia el kilómetro diez mas o menos lo dejo y emprendo esta aventura en solitario, y digo en solitario porque entre japoneses, finlandeses, búlgaros y mi inglés …

Pasamos calles y más calles, semáforos, cruces, coches … la gente va a trabajar y todo el mundo anima, se nota que los griegos conocen la carrera de cada año y todos colaboran.

Ahora ya si que estoy totalmente metido en carrera, corriendo muy cómodo y disfrutando de poder estar aquí, me siento un privilegiado y el sentimiento del público es de respeto y admiración.

Paso el maratón en cuatro horas y cinco minutos, algo más de lo que tenía previsto pero vaya, de momento todo va muy bien y marcha sobre ruedas. Aquí me esperan Mia y Lidia pero no necesito casi nada la verdad, el próximo avituallamiento para poder recibir asistencia es en el kilómetro ochenta y uno y para allá que me voy …

A partir del kilómetro 50 empiezo a notar un poco el cansancio, he visto gente que caminaba ya en el kilómetro treinta y yo de momento no lo quiero hacer. Quiero pasar los tiempos de corte con suficiente margen, para ir tranquilo después si la cosa se tuerce. La temperatura es bastante agradable aunque el sol pica, y con ganas.

Pienso en la gente que me ha apoyado en esta aventura, y sobre todo, pienso en mi familia, siento su fuerza y ​​energía en la distancia, no los puedo defraudar. Vamos, Esparta me espera!

Hacia el kilómetro 70 siento una molestia en un dedo del pie y creo que es una ampolla, llevo zapatillas de repuesto y estoy deseando llegar ya en el km 81 para poder descansar y cambiarme. De hecho, estoy bastante cansado pero de ánimos y energía estoy a tope.

Llegada al km 82 con Paris Canals.

Llego al avituallamiento junto con Paris, gran corredor y compañero de habitación, voy bastante tocado pero tengo todavía una hora y media de margen del tiempo de corte. Estos últimos kilómetros me han hecho sufrir considerablemente y tengo la primera crisis. Mia y Lidia me tienen preparada una silla y nada mas llegar, me siento, como, me cambio de ropa y zapatillas y veo una ampolla debajo de una uña que da miedo. No pasa nada, venga gas, que aún falta mucho.

Salgo del avituallamiento totalmente renovado y sigo corriendo, horas y horas, aunque ahora no quiero caminar, sé que lo tendré que hacer cuando empiece la zona de la montaña. De vez en cuando me da por hacer cálculos; que si ritmo, que si kilómetros que me faltan, horas … buf, mejor no pensar en ello. Se trata de poner un pie delante del otro, nada más, dejarse llevar y siempre avanzar, poco a poco, y tener paciencia.

Para mí correr, es algo más que una actividad física, es un viaje hacia mi interior, una forma de pensamiento en forma de acción, una manera de vivir a cada paso, intensamente. Y eso es lo que me empuja y me da fuerza para continuar, a pesar de todas las adversidades que me he encontrado y me encontraré.

Carreteras Griegas, siempre con vistas al mar. 

Kilómetro 100, algo menos de once horas, voy muy bien de tiempo y muscularmente me encuentro las piernas bastante frescas, pero lo que más me hace sufrir son los pies. Me molesta la planta y ha ratos los laterales, me cambio las zapatillas a menudo y esto me atenúa el dolor un poco, pero no del todo.


En ese punto de la carrera supe que lo que estaba haciendo, era lo que quería hacer. Me sentí un verdadero corredor de ultrafondo, aquel que se sobrepone a las adversidades y además con alegría, cien kilómetros en las piernas y cien más por adelante y cuarenta seis de propina, eran unas perspectivas apasionantes …

Sufrí una pequeña caída, nada grave.

Empieza a hacerse de noche y con ella empieza otra carrera. La circunferencia delante mío de la luz del frontal como única compañía y un montón de kilómetros por delante. Tengo ganas de que llegue la subida, por lo menos para que cambie algo.

La carrera tiene setenta y cinco avituallamientos, la distancia entre ellos es de dos, tres, cuatro, o como mucho seis kilómetros, esto hace que a menudo pueda coger agua y comer algo. De estos setenta y cinco hay nueve en los que puedo recibir asistencia y la verdad es que se agradece muchísimo saber que hay alguien que está pendiente de mi, que te lleva lo necesario, te anima y te apoya.

kilómetro 124, llevo catorce horas y media, voy muy bien, estoy haciendo un carrerón , pero en el fondo, muy dentro de mí, todavía tengo la incertidumbre del que no sabe lo que le espera. Esto es muy, muy largo y hay que tener mucha paciencia, no perder la fe en uno mismo y seguir corriendo.

Empieza un largo camino polvoriento que me deja los pies aún mas destrozados, las piedras y el polvo me entra en las zapatillas y me roza por todas partes. No paro de sacármelas, me las aprieto, ahora las aflojo, ahora las vuelvo a apretar… estoy sufriendo mucho de los pies y no me gusta, sé que en estas condiciones no llegaré muy lejos, pero yo no paro, eso si que no, venga va!

Y finalmente empieza la subida, había oído hablar de ella y realmente no me defraudó… una larga carretera que sube hasta un collado, y luego más arriba todavía, veo las luces arriba del todo y solo de pensar en lo que tengo que subir me aterra. Sube sube y sube, caminando, paso lento, pesado. Hace frío y me pongo  la camiseta térmica y los guantes y noto, con  cada paso, como pierdo la energía. Me cuesta mucho avanzar, tengo sueño, se me cierran los ojos, hago zig zag  y me duermo de pie, estoy hecho puré, no puedo con mi alma.
A llegado la hora en que el ultrafondo te regala estos momentos tan mágicos, aquellos en los que has de sobreponerte sí o sí, como sea, y seguir luchando, no hay otra, me encanta…

Kilómetro 146. Llego arriba el collado totalmente exhausto, Mia y Lidia me cuidan como a un niño, me cubren con mantas y les digo que necesito dormir, sólo unos minutos, pero soy consciente de que si me abandono ya no me levanto. Cierro los ojos solo unos minutos y me digo a mis mismo que no he llagado hasta aquí para ahora dormirme. Me tomo dos vasos de sopa, un gel y una pastilla de cafeína y después de unos minutos luchando contra el sueño y con mi fuerza de voluntad, sigo arriba, haciendo un esfuerzo sobrehumano pero con determinación.

En este punto la ayuda de Mia y Lidia fue decisiva y determinante, sé que sin ellos hubiera abandonado, no tengo ninguna duda. Subestimé un poco el desnivel de la carrera y llegué muy justo, pero ellos entendieron perfectamente mi estado, me apoyaron y dieron lo que me hacía falta, y es que no hay nada mejor que la amistad para sobreponerse a estas situaciones. Recuerdo las palabras de Mia antes de partir: ahora cogetelo con calma eh? poco a poco y ya verás como te encuentras mejor.

Y así fue, subí toda aquella montaña, el monte Partenio, con pasión, adelanté tres o cuatro corredores y me volví a sentir algo más que una piltrafa humana …

Muerto en vida…

Una vez arriba empieza una bajada con una pendiente considerable, llena de piedras y larga, muy larga. Bajo muy despacio, primero, para no cargar los quádriceps en exceso y segundo, porqué no me quiero caer. La cosa pinta bastante bien, sólo tengo que ir haciendo como hasta ahora y eso ya lo tengo …

mentira! falta mucho todavía, es de noche, estoy cansado y me duelen mucho los pies. Pero en lo mas profundo de mi ser, lo estoy disfrutando, estoy corriendo la ultramaratón más importante del mundo, la madre de todas las carreras y todavía estoy vivo y sigo en carrera, mientras me quede una brizna de energía seguiré y ahora mismo, mantengo la ilusión y el entusiasmo que me ha llevado hasta aquí todavía intacto.

Kilómetro 162, llevo veinte y tres horas justas. Tengo frío. Sigo vivo.

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SPARTATHLON 2015 – PABLO BARNES

16 octubre, 2015

Pablo Barnes es un atleta argentino que desde hace años vive en Italia, país en el cual ha conseguido grandes resultados en las carreras de Ultra-trail. En 2007 ganó, junto con el gran Marco Olmo, la primera edición de la Ultra Trail La Via Marenca (90.2km). Al año siguiente y en menos de un mes, ganó tres Ultra-trails: Le Porte di Pietra 72 km Trail, Gran Trail del Monte Beigua y el Gran Trail Rensen. Pero este gran corredor también es excelente en carreras de asfalto y en llano, como lo demostró en 2010 donde corrió 225.622 km en 24hs, ganando así la ultramaraton de 24hs de la ciudad de Buenos Aires. En 2012 ganó la mítica Grand Raid Cro-Magnon en 14:13:52hs, mejor marca de la historia en su versión de 112.5km, también la ganó en 2014, esta vez en su versión de 130km y una vez más con la mejor marca de la historia en esa distancia. En menos de un mes estaba de nuevo en la linea de partida, esta vez para correr el Marathon Trail Lago di Como (115km), lo ganó realizando el récord del circuito. A principios de ese mismo año (2014) obtuvo el récord argentino de 12hs con 133.280km en las 12hs Internacionales de San Pedro.

Llegó el 2015 y este gran atleta decidió que era hora de tachar de su lista de carreras pendientes el mítico Spartathlon griego.

Aquí su historia:

 

Por: Pablo Barnes

Haciendo memoria en el 2009 contacte a los organizadores de la Spartathlon pero era tarde y me dijeron que pruebe el próximo año, desde ese entonces nunca más me sentí seducido por esta carrera y pasaron los años, las carreras hasta que en una conversación de alguien en Facebook me nombraron diciendo que era una carrera que me faltaba, basto una pequeña averiguación y viendo que ahora se podía hacer todo fácilmente por internet, me anote…

Hacía años que me dedicaba principalmente a las carreras de Trail pero cada tanto corría alguna carrera en calle, este año estuvo lleno de carreras, desde el mundial de 24 horas en Torino, el mundial de trail, el UTMB y otras carreras más cortas, seguramente la spartathlon sería muy difícil no solo por las características propias de esta carrera sino también por el cansancio orgánico y mental después de tantas competencias.

Atenas el día antes de la largada: llegamos con mi mujer bastante tarde porque antes no podíamos llegar por cuestiones laborales, estábamos alojados en el hotel con los italianos, el resto de los argentinos estaban a 200mts en otro hotel. Camino al hotel siento hablar en castellano típico de argentina a una pareja y los saludo, era Tabbita y su mujer que volvían a intentar terminar la carrera tras el intento del año anterior. Nos saludamos, le pregunto como esta y me dice que bien, me «reto» por no estar con los argentinos en el hotel, nos deseamos suerte y nos saludamos. Después de acomodarnos en el hotel fui a la charla técnica, busqué a mis connacionales, a algunos los conocía ya personalmente y a otros no, pero se reconocían fácilmente porque tomaban mate, los saludé y note una recepción bastante fría por lo que me fui un poco más atrás con mis amigos italianos a escuchar la charla técnica. A dar la charla era el organizador, un verdadero genio que supo crear una obra de arte de la ultra maratón. Con la información necesaria nos fuimos a comer y descansar, mañana nos espera un viaje mítico de 246km.

 

El despertador suena a las 4:50am ya tenía todo preparado, bajamos a desayunar y luego subimos al micro que en media hora más o menos nos llevaría a la Acrópolis. Era todavía de noche, los atletas llegaban casi simultáneamente y juntos subíamos los escalones que nos llevaban a una iluminada y mágica Acrópolis. El clima estaba muy bueno pero sabía que nos esperaría un día de mucho calor. Los minutos previos a la largada son increíbles, están los que rezan, los que estiran, los que se sacan fotos, los que se besan con sus seres queridos y los que están casi congelados por los nervios. Se escucha 5 minutes, 5 minutes,  1 minuto y luego la cuenta regresiva 10, 9,8,7,6,5,4,3,2,1 disparo!!!!

 

Yo no tenía un plan de carrera, no quería salir ni muy lento ni tampoco largar rápido para sufrir en pocos km. El primer km es en bajada y después se entra en los 40km manos lindos de la carrera para salir de la ciudad. Mi paso es tranquilo y trató de encontrar un grupo que más o menos vaya a mi velocidad crucero, por lo menos en los primeros km. Luego de pocos minutos tengo que parar unos segundos para hacer pis y quedo un poco más atrás y con calma empiezo a superar corredores que largaron tranquilos hasta ver el grupo de Argentinos, un poco más adelante a mi mujer Virginia y pocos metros más adelante a Fernando Petracci, sabía que si iba a su paso estaba seguro porque él es uno de los corredor más precisos y planificadores de argentina y por eso es el récord de 24 horas, pero pocos minutos después veo que el también tiene que parar por necesidades fisiológicas y decido ir solo a sensación, Virginia que estaba cerca me dice: » que haces acá?» nos habíamos dicho que pase lo que pase no vayamos juntos porque cuando la cosa se pone dura nos convencemos entre nosotros y nos vamos a casa, la saludo y le digo voy, que salga lo que salga. Encuentro a mi amigo italiano Stefano Montagner y decido hacer unos km con él, vamos bien, hablamos un poco y luego de una subida vemos el mar, acá empieza una de las partes más lindas de la carrera, muchas curvas, muchas subidas y bajadas cortas que se parecen mucho al lugar donde vivo, noto con sorpresa que en este terreno voy bastante bien y mis compañeros en ese momento sufren un poco, así que saludo a Stefano y sigo a mi ritmo solo. Los primeros 60km son muy rápidos y todos parecen fuertes y con muchas ganas, el calor y la humedad empiezan a hacer las cosas difíciles y en los check points ofrecen hielo para bajarse la temperatura, generalmente no tengo problemas con el calor pero no quería arriesgarme, así que en cada punto que podía me ponía hielo en la gorra. A los 78 km se llega a uno de los puntos más sugestivos de la carrera, el canal de Corintos, un pasaje entre dos mares creado completamente por el hombre. Hasta el km 100 el ritmo es muy elevado porque el tiempo límite es verdaderamente muy poco, se tienen que hacer 80 km en 9horas o quedas afuera. Muchos dividen la carrera en 100km rápido y después visto que el tiempo a disposición aumenta, caminar un poco y reponerse.

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Mis 100km los hice en 9:40 aproximadamente pero todavía estaba bastante bien como para hacer una pausa y además justo en ese punto encuentro a Andrei Nanna así que decido seguir un poco con él, juntos alcanzamos a Federico Borlenghi que probó a correr con los mejores pero un dolor a la espalda lo dejó afuera de la carrera pocos km después. Al km 120 comienzo a sufrir un poco y no puedo mantener el ritmo de Andrei y lo dejo ir tratando de recuperarme, acá empiezo a sentir el día duro que pasó.

Después de un periodo de crisis mis piernas volvieron a funcionar bien y me encontré a correr con Natasa Robnik, tenía un ritmo muy regular que yo podía seguir sin mayores problemas, puedo decir que me sirvió de pacer por unas cuantas horas durante la noche, pero casi sin esperármelo no pude tomar más agua ni comer, sabiendo que tenía algo porque si no, no llegaría lejos, probé una bebida energética en uno de los check points pero me descompuso y tuve que parar para vomitar, esa sería la última vez que vería a Natasa en la carrera. La noche fue muy dura, sufrí bastante y el momento más difícil fue cuando en el medio de la noche, en una calle de asfalto piso una piedra y mi tobillo esguinzado cede y me hace caer, fueron unos segundos en el piso donde pensé que no podía ser, que tal vez no podría lograr el objetivo, pero una fuerza interior me dijo que me levantara. Camine unos metros con mucho dolor y probé a correr despacito, caminé mucho hasta el checo point siguiente, estaba muy cansado, me tire unos 15 minutos y como si nada, sin pensar mucho, me paré y seguí mi camino, mi sensación era de ir muy lento, demasiado, pero si bien había gente que me pasaba, eran muy pocos y a su vez había algunos a los que yo pasaba en los check points porque estaban destruidos.

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